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domingo, 5 de septiembre de 2010

Éxodo

 ¿Quién fuera Moisés, para encontrar el Monte Sinaí y desde allí conducir a la muchedumbre en su gran emigración?

Chihuahua fue una tierra de la que cualquier visitante facilmente se enamoraba, por la apertura, franqueza y calidez de su gente. No tanto por su belleza, ya que existen sitios mucho más bellos en nuestra riquísima patria y Chihuahua siempre ha sido muy café y gris, por su falta de vegetación y porque los gobernantes nunca dudaron en eliminar sus atractivos históricos o culturales,  para canjearlos por avenidas, hasta dejarla lo más parecida posible a El Paso, Texas, con toda su insipidez y frialdad.

Tenía alma. La gente de Chihuahua, era el secreto mágico que atrapaba a quienes venían. Las personas que llegaban por una temporada, al transcurrir de los días, rodeados de tantos nuevos amigos, decidían quedarse, para convertirse en orgullosos chihuahuenses también, viviendo y disfrutando despreocupadamente, como todos los habitantes.

Era común ver a los foráneos, abrazados a los chihuahuenses, en alguna lunada, cerca de la fogata, después de saborear la mejor carne asada, las tortillas de harina, el chile con queso, entonar el corrido de Chihuahua: "Lindas las noches de luna, alegradas con sotool" y afirmar: ¡Yo de esta tierra no me voy! y nosotros muy felices de que se quedaran y de que les gustara tanto lo nuestro.

¡Eso se acabó! Deseo con toda la fuerza posible que sea algo temporal, porque ya ni siquiera una reunión de amigos en alguna casa, da la certeza de estar seguros. Ya no sabemos, ni queremos saber quienes son nuestros vecinos, en donde sea, ya no entablamos plática con nadie. A los parques, simplemente ¡Ya no vamos! y no sonreímos a ninguna persona desconocida. Tememos que cualquier señal de que existimos, nos ponga de relieve y en riesgo. Queremos confundirnos con el gris del asfalto o con la estatua, inertes, inexistentes.

Empezaron las luchas entre grupos de delincuentes y nos alarmábamos al ver la noticia,  pero lo sentíamos como algo muy lejano a nuestra vida. Hoy, ya cada familia amanece con muerto en la banqueta de su casa, ya nos tiramos al piso en cuanto oímos cualquier ruido, a toda hora del día o de la noche. Traemos los nervios desgarrados y aparte un desanimo y  una depresión, muy evidentes, que no nos permite emprender ninguna actividad que nos haga lucir, porque el progreso es muy peligroso.

Andamos lo más desarrapados posible, unos por la falta de fuentes de ingresos, pues ya cerraron la empresa para la que trabajaban y todavía no encuentran como colarse en otra oportunidad, o porque ya les acabaron su changarro propio y otros, que ya no creo que sean los más agraciados,  tratan de que no se les note el dinero, para no ser tan secuestrables.

Lucir joyas, ropas finas o coche nuevos, para quienes tienen con qué comprarlos, ya es cosa de locos, porque les duran poco menos que el estreno. Estamos presos en nuestras casas, las calles cada vez más vacías. El sitio que tenía vida las 24 horas, ya no existe y los "avisos de ocasión" con casas y terrenos y locales y negocios, en traspaso, venta, liquidación ¡A montones!, desde que esto es muerte a cualquier hora.

Nos reunimos y convivimos muy poco con nuestros seres queridos, porque no traemos buen ánimo y no nos gusta reunirnos para sólo hablar de tragedias y más tragedias. Lo dejamos para después y así pasan los meses. Sólo nos telefoneamos o nos mandamos mails de ánimos ocasionalmente, para cerciorarnos de que todavía estamos vivos y para mandarnos bendiciones.

Hace poco el Gobernador saliente en conferencia de prensa, les dijo a los juarenses, "No tienen nada que hacer en la calle, adopten un estilo de vida diferente al que están acostumbrados, que sólo los expone al peligro... Vivan de la casa al trabajo y del trabajo a la casa,  pues al permanecer en la calle, se exponen mucho por su propia voluntad, puesto que el Estado no puede garantizarles sus seguridad".

Al Gobernador entrante, que durante su campaña hizo gala de tener ¡Suficientes pantalones para restaurar el orden! ya le asesinaron a dos parientes cercanos. A saber si todavía sea para él la gran oportunidad por la que contendió con tanto ánimo y derroche de autoconfirmaciones de hombría. Dijo en varias ocasiones que el sería capaz de regresar la paz a Chihuahua. ¡Qué lo logre! ¡Qué lo logre! dicen sus seguidores y hasta los que no lo somos.

Lo cierto es que en la mañana ingresan a los delincuentes a la cárcel y en la noche los sueltan, gracias a la reforma penal que creó la administración saliente, cuyo gobernador está en campaña de salida, diciéndonos a cada rato, en spots por todos los medios masivos que hizo un buen gobierno, tratando de que con tanta repetición terminemos creyéndole. Ha de ser muy tensionante para él y su gente, estar a punto de dejar la silla,  con los chihuahuenses extremadamente defraudados y cansados.

Hace una semana despedí a una amiga y a su esposo que se fueron "a donde sea", con una cara de conejillos asustados; lanzándose a lo desconocido, con tal de alejarse de nuestro infierno y dispuestos a volver a dormir las noches completas... En una maleta cargaron el resumen de toda una vida de esfuerzos y con recursos para sobrevivir tan sólo un mes, mientras logran conseguir una fuente de ingresos. Huyeron, conscientes de que tal vez estarán las puertas cerradas por el detalle de ser chihuahuenses, lo que ahora nos marca negativamente, ante los ojos de los demás. Cuando hasta hace poco, ser chihuahuense era sinónimo de "gente buena".

¿Cuántas personas, cuántas familias? que antes no contemplaban ni por error abandonar Chihuahua, ya se fueron o están preparando la manera de irse. La manera de alejar a sus niños de tanto peligro y de tanto trauma y locura, para poder caminar, trabajar, prosperar, sin el temor de que la vida les sea arrebatada , en caso de transitar por el sitio inadecuado, en el momento inadecuado.

Se está produciendo el Éxodo de manera alarmante. Dios  permita que los hermanos mexicanos, de zonas más protegidas tengan memoria de la naturaleza de los verdaderos chihuahuenses y puedan acogerlos con la misma calidez y solidaridad que en otros tiempos tuvieran aquí,  cuando pudimos ofrecer mejores condiciones de vida, para quienes decidieran quedarse entre nosotros.

Esta semana se me ocurrió decir a mis seres queridos que me voy de Chihuahua. Todos, invariablemente todos, me han dicho ¡Felicidades! En cuanto te establezcas me avisas, para irme yo también. Los que en otros tiempos, me hubieran dicho ¿Estás loca?¡Nada mejor que Chihuahua!

Sólo el amor podrá despertar nuestra conciencia, para recuperar nuestra solidaridad y grandeza.
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