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jueves, 28 de noviembre de 2013

Aleteando

¡Lo siento! quería llegar, con la confianza de siempre, encontrarte en el jardín, donde jugamos la simpleza, que nos hace más vivos que todo lo demás, al compartirnos el amor. Cantarte muchas piezas, las más posibles, muy suavemente, para no registrar la afonía de otras veces, que igual nos divierte a los dos. Tu alegría me gusta, tu risa me gusta. No te lo he dicho, mas tú lo sabes, porque al estar contigo, sonríes con la boca, con los ojos, con toda la piel: ¡Total!

Ese día, en que me esperabas, me hubiera gustado llegar con amigos, los mejores, para llenarte el alma de compañía y belleza de muchos colores. Conviviendo, como lo hemos hecho tan seguido, en los ratos, que usamos para decirnos, acariciarnos y consentirnos a muy corta distancia; solo con la mirada y la mente, haciéndonos correr por las venas, torrentes de armonía incontenible, hasta derramar algunas lágrimas, por tal plenitud. 

¡Disculpa! me viste como tú no me sabías, me viste pasar por encima de ti, gritando, ignorándote... de-ján-do-te, como si fuera un desconocido, ferozmente egoísta y veloz. Yo solo alcancé a ver tu miedo, desolación... abandono, cuando apretaste los labios y las manos, bajaste la cara, como haces al llorar ante los irremediables. 

Ojalá comprendas, que de no ser así, no hubiéramos logrado la desbandada, en ese frente frío que nos llegó sin previa señal. Fue la única alternativa posible, para intentar llegar al sur, y salvarnos casi todos los pájaros. Te confieso, ¡casi todos!  Yo quería... ¡No desesperes, mi bien, que abril llega más pronto que la ausencia!


martes, 26 de noviembre de 2013

Es la "S" una letra:



Sabrosa, sabatina, sagrada, sembradora, soñadora, solitaria, silenciosa, serena, sutil, segura, sensible, sarcástica, simpática, salerosa, simple, sencilla, sana, sentimental, seria, servicial, sonriente, solemne, soberana, suprema, sabia, singular... Huele a sándalo y tiene mucho sentido, como el sol.

  

Más las aportadas: Sonrosada, soleada, superior, Ssh!
Y llega solita: sempiterna,
con sacrificada,
solapadora, aparece también...
Ah! Sara: yo
¡Suertuda! muy, muy suertuda, de conocer personas tan hermosasss!!

Súper, por parte de mi amiga Raquel, Gracias!
Soberbia y sembradora, que me las recuerda mi amiga Soñadora, Gracias!.

domingo, 24 de noviembre de 2013

La igualdad no existe



Cumplir la voluntad, exige constantemente, desafiar obstáculos.
Compartir ideales, genera: una energía adicional,
la capacidad de la protección grupal,   
y la reconciliación cuando sea preciso.

La igualdad no existe, no perdamos el tiempo en debates, ni definiciones,
cuando necesitamos el tiempo y la fuerza, para crear la comunidad:

Que destruya imperios y fortalezas, 
que diluya el metal más duro,
del yugo que ha sido forjado,
por el individualismo: la vía idónea, para ser explotados,
en condiciones tan injustamente inequitativas.




miércoles, 20 de noviembre de 2013

En los zapatos

Si no fuera por su verdadera aflicción con cierta vergüenza, y porque lo conozco como un hombre de gran rectitud... Hoy a las 7 de la mañana, me despertó el abogado de la casa de enseguida, llamándome por la puerta de mi recámara que da al patio, para que le permitiera salir por mi casa a la calle. Trajeado, de portafolios, lap y todo lo que cargaba, quien saltó una barda bastante alta entre el patio de su casa y el mío. 

-Por lo que más quiera, le pido que me disculpe y espero que no vuelva a suceder -y salió apresuradísimo, con gran soltura para salir de casa ajena, que hasta me hizo pensar en el supuesto de que tuviéramos décadas de casados, me alegré de las ventajas de la soltería-

-¡Eso es lo que yo espero!, pensé, pero solo pude decirle... ¡Ay! ¿qué le dije?  Si ni lo recuerdo, estaba tan dormida todavía, algo habré balbuceado, pero no sé. 

Apenas iba a reírme cuando sonó el teléfono. Era Doña Hortensia la esposa: -Sarita...Vecina, le pido encarecidamente que venga a mi casa para explicarle, mi esposo está muy apenado con usted, bueno, los dos, yo también... pero no tuvimos otra opción que recurrir a usted, necesitamos que nos ayude, es algo espantoso... y pues, siendo nosotros un matrimonio de tantos años juntos, de una época diferente a la suya, quizá sea más fácil para usted que es más liberal que nosotros, ¡imagínese!, lo que se estará diciendo por toda la colonia ya de nosotros y siendo mi marido tan conocido. Acá le explico, si me lo permite.  Ah! venga por donde mismo mi marido entró a su casa. O sea:  por el patio.

Qué me quedaba hacer, cuando ya se habían apoderado de mi mañana, de mi intimidad, de mi "liberalidad" y de mi soltería, los vecinos. Así que muy obediente recargué mi escalera y allá fui, con el nuevo método de acceso entre nosotros. Con la escalera de ellos todavía del otro lado, mi descenso pudo ser quizá más elegante que el de él, si no fuera por mis pijamas... O el descenso de él, en su práctica improvisada de "parkour" con traje, corbata, mancuernillas, decencia y demás... 

Regresé y cumplí con mi encargo, que prometí no divulgar con nadie. Fingí ante los recolectores de basura, que era mío aquel regimiento de zapatos rojos, que impedía abrir la puerta principal de los vecinos, y de verdad, no lo pienso divulgar, fuera de aquí, por supuesto, como deben ser los secretos:

Resulta que el abogado está llevando un asunto mercantil a unas teiboleras, de quienes sus zapatos se han sentido mucho más cómodos siendo calzados por él... Hombre muy dado a "empatizar" con todos sus clientes defendidos, lo que llamamos "ponerse en los zapatos del otro" de tal forma que a diario, después de sus largas e inhumanas jornadas, llegan hasta su casa en taxi o como pueden, los zapatos por sí solos, esperanzados a  ser mejor utilizados por alguien tan sensible como él, que por sus dueñas. Al principio eran dos o tres pares, lo que para la pareja era fácil de disimular, pero los zapatos han ido propagando su buen prestigio de defensor...

Por favor, tampoco lo cuenten a nadie más.  



viernes, 8 de noviembre de 2013

Circunstancias ajenas

Cuando escribía a mano, sublimaba el dolor de las ampollas en los dedos, creyendo que aguantarlo, hasta que se convertían en callos, me sugería la vía para vencer los desafíos de mis realidades.  Sí,  en plural, porque yo no he tenido una sola realidad; es la mía, la de los demás, sus derivaciones y las que finalmente nos permiten las circunstancias, el destino, la suerte o el azar. Son varias realidades, con la posibilidad de que ninguna exista,  ya que ni siquiera sé si exista la existencia.  Iba buscando comprender cada suceso transcurrido o por venir, al escribirlo.

En la máquina de escribir, que aprendí  a usar en la secundaria, a mi pesar, pues yo quería estar en mecánica o en carpintería, porque solo aceptaban hombres, y era lo que más me motivaba de esos oficios,  para estar entre ellos -por prácticos y sin conflicto- desde mi femenina perspectiva, que me era tan difícil comprender a otras mujeres, por detallistas y complicadas. Con ellos, me entendía de maravilla, sin problemas y sin que se acabaran las relaciones, si un día me portaba tajante, ofensiva o brusca con ellos.  Más fácil, más arriesgado y divertido, donde me sentía protegida, sin miedo, muy fuerte, siempre y cuando no nos enamoráramos... condición que siempre conservé con todos mis amigos. Comprobando que sí es posible la amistad desinteresada entre hombre y mujer. Cuando me desamaron otros hombres, fueron mis amigos quienes me ayudaron a levantarme.  Y fue cuando las mujeres más me ayudaron, para enseñarme que también se puede ser amigas entre mujeres. Cualidad que yo descartaba y desconocía de mi sexo. 

Les sacaba chispas a esas máquinas, mecánicas o eléctricas, llenando muchas cuartillas, porque lo que más deseaba era entender las realidades en papel. Escribí todos mis pleitos con Dios, para negarlo y cuando creí en Él, dejé de escribirle, mudando mis conflictos a otros destinatarios, incluyéndome, principalmente.  

Después me costó mucho pasar a la computadora, porque con lo fácil que es corregir, me fui permitiendo errar más y sin papel, con mayor razón. Tengo ahora más defectos, solo que los míos no es tan fácil corregirlos como en la pantalla. 

Me costará mucho esfuerzo escribir sin teclado, porque mis dedos no son femeninos, mi independencia me los maltrató. Pero tendré que enseñarles movimientos finos, porque no puedo aferrarme a este cacharro que no tarda en caducar, cuando el teclado de hoy, después de varios, ya tiene casi todas las letras borradas -si no fuera que aprendí a escribir sin ver, no por las exigencias de la maestra, sino por mirar a los chicos por la ventana, mientras terminaba la odiosa hora del taller de taqui-meca- Se despinta -el teclado- más por mi furia al teclear, cuando he pasado por todas esas etapas, y todavía no me conozco, ni siquiera por escrito. Igual que este ejemplo, en que pretendía hacer un recorrido por las herramientas para escribir, y terminé azotada por un laberinto imprevisto y traidor, muy lejos del objetivo inicial, debido a una circunstancia ajena a mi voluntad, pero que me desestabiliza, desde una de mis tantas realidades. 



miércoles, 6 de noviembre de 2013

Mutuo

Me sonríe. Le temo. Suaviza la mirada y se acerca. Tiemblo. Que no me lastime -pienso- Lo intuye, procura sosegarme, no lo consigue. Avanzamos. Los árboles lidian con sus sombras. Ladridos nos circundan. Se sobresalta. Lo estrecho. –Apesta –piensa-. –Disculpa, el miedo me hace apestar más que todo eso –le contesto-. Las chicas, esperando. Los chicos, abordando. Se alternan clientes, en su rutina pactada. Él se me ciñe más. Mi ansiedad, lo acepta, ya sin reservas. Mujeres que husmean con obscenidad, tras la suciedad de las cortinas raídas y de sus recuerdos. Sus puertas que destilan hedores oxidados (metáfora). Luces agónicas al fondo, que evidencian lo narrado de esas mujeres.  

Las nubes disfrazadas de mar, se revuelven y vociferan y braman. Ni una estrella. La luna… ni sus luces.  Las flores, en el fondo de sus guaridas. Gatos agazapados.  Gatos encrespados. Gatos tan orondos. Gatos como siempre, creyéndose los dueños.  Él tiembla –¿Le temes a los gatos?… yo también, acércate más. Ancianos en la eternidad de sus voces, ya sin temores, ni urgencias prisa. Malandros tramando. Unos drogándose. Él, casi escala mi cuerpo. Yo, casi escalo el suyo. Nos encaramamos. ¡Total! Ya estamos vamos abrazados. Avanzamos, usamos toda la eternidad, ¡qué ironía!, de esos pocos minutos de negrura que nos desquicia,  para seguir con  lo nuestro, lo único que nos importa, sin piedad, sin pensar, sin detenernos, hasta alcanzar juntos por fin, la avenida de luces delirantes, para empezar a cruzar el siguiente infierno.Una estrella. Es cuando el perro escoge otro rumbo.  



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