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viernes, 29 de julio de 2011

El Columpio

 
Por más que lo pienso, no encuentro una razón lo suficientemente fuerte, que impida, subirnos a un columpio, dejar que el viento se encargue de confirmarnos muy despacito, lo vivos y felices que somos.

Dejando a cada vuelta, arrebatarnos todos los pensamientos, que puedan  preocupar o hacer sentir mal... En la única tarea de balancearnos, igual que de niños, muy pendientes de no caer y de alcanzar la altura de los árboles más grandes y la velocidad de los pájaros, que al pasar ríen a carcajadas con nosotros. Su manera de decirnos lo felices que los hacemos al vernos así, allí, con ellos. 

Por más que lo pienso... No hay nada que pueda impedir que hoy seamos tan suavemente felices.   

martes, 26 de julio de 2011

La visa del señor Pérez



El empleado del consulado americano, le pide una serie de documentos que el hombre no lleva, para comprobar arraigo, solvencia, estabilidad, sabe Dios cuántas cosas más…

El hombre niega cada cosa que le solicitan, con indiferencia y sin ningún contacto visual con el empleado… hasta que logra hacerlo enojar:

–Y  ¿Cómo quiere usted arreglar su visa sin papeles? ¡Míreme, por lo menos, qué le hablo!

El hombre, imperturbable y mirándolo escasamente:

-Tiene mi pasaporte y la identificación oficial… mi cita de Internet y el comprobante de pago en el banco, ¡son los requisitos!, no sé para qué me pide ahora más documentos. Debieran especificar en su sección “re-qui-si-tos” que van a pedir hasta lo indecible.

-¿Para que desea viajar a Estados Unidos?

-¡Yo no quiero ni voy a viajar a Estados Unidos!… No me gusta Estados Unidos, no tengo el mínimo deseo de ir. Lo conozco casi completo… no hay una sola cosa que me guste. Nada admiro de su país.

-Entonces… ¿Para qué está renovando su visa  por 10 años?

-Por… Nomás… Porque somos vecinos, porque me queda cerca de mi casa el consulado y… No creo que tenga nada que explicarle a usted, ¿o si?  -El empleado se mantiene en silencio, esperando alguna explicación-

…-Bueno, porque deseo seguir teniendo el documento. Le pudiera decir: porque me da la gana, pero, pensaría que estoy siendo grosero y no... usted no tiene culpa de nada. En realidad no es en contra suya… Pero si... lo quiero arreglar porque me da la gana.

-¿Exquius mi?

-Nada, nada, ¡olvídelo!

-¿Trabaja?

-¡Si!

-¿Quiere emigrar a Estados Unidos?

-¡No! ¡Nunca! Ya le dije que no me gusta su país -Clava su mirada en la del empleado-

-¿Ni de vacaciones? –Sonriendo ya con dulzura el empleado-

-No, ni de vacaciones… ¡Hmm!… Por si alguna conexión o escala obligada, pero no, siempre hay forma de rodear.

-¡Oquei! –imprime la autorización, sella, firma y entrega-  –En un mes recibirá en su casa su visa láser, señor Pérez, por si cambia de opinión... Que tenga usted, un excelente día.
 
El hombre no contesta ni gracias, ni nada. Sale airoso, feliz de que alguien sepa, que alguien del otro lado del río Bravo, no viajará jamás a ese país, aunque pueda hacerlo.

Sabe que no puede convencer a nadie de que no viajen para allá, a dejar su juventud, su fuerza, su capacidad, su identidad, su dignidad, su salud y muchas veces su vida…

Cada vez está más convencido de que él no quiere ir. Lo que a nadie le importa, pero a él si le importa mucho poder decirlo. Cree que hace algo de justicia a su raza, con su desdén, aunque no sea así.   

sábado, 23 de julio de 2011

Hoy llueve en Chihuahua


Hoy Chihuahua decidió bañarse. Bueno, en realidad desde ayer. Tenemos una ciudad de lienzo sabatino: atrapados por todos los matices del gris de un día nublado. Empiezan a surgir todos los colores que habían estado ocultos, desde sus escondites, de las casas, edificios, banquetas, calles.

Brotan de los jardines una, dos, cien flores, cada una con el deseo vehemente de ser la más bonita. Se escuchan sus risas, exclamaciones y una que otra discusión, tan sutiles como una emoción espontánea. Yo no sé que sea eso, pero suena a algo bonito.

Y, los cerros detrás de todo, imponentes, un poco más que el día que nos conocimos. Aquel día tan café y un poco lejano, que me marcó de evidencias de cerro las rodillas. Cuando entendí que las evidencias son muy ardorosas, al restregarlas mi madre con alcohol y merthiolate. Por eso pienso, que los cerros huelen a merthiolate, a barro y a mi madre.

Hoy Chihuahua es una ciudad contenta y agradecida con el cielo, por sus humedades, ya tan ansiadas, en este verano inclemente, que ha exagerado el bronce en mi piel.

Hoy en Chihuahua, los árboles estremecen sus ramas muy animosos, conteniendo en sus hojas todas las gotitas brillantes, que saltan desde lo más alto, para ofrecerles vida a todas las aves y abejas que llegan. 

Hoy Chihuahua es un dulce poema, que puedo tocar desde el portal donde estoy, al salpicarme de caricias el rostro, para delinearme en la mente cada una de mis facciones, lo que casi nunca suelo advertir.

Me gustaría que dentro de aquel barquito de papel  que se acerca, apareciera yo timoneando, por el río que se ha formado en la calle,  para dar saltitos y agitar mis manos, mientras grito insistentemente: ¡Esto es la vida!...

Jajaja... ¡Allí estoy!,  ¡de verdad!  con  5 años apenas,  pero, ¿que pasa!... no pude agitar las manos, ni brincar, cuando pasé junto a mí, por tanta corriente, y principalmente por los ladridos de Guango, que no sabe de éstas cosas... Pero intuye que algo muy lindo ha sucedido, en lo que también se empapa de lluvia. 




¡Ojalá qué la lluvia llegue a todas las tierras en sequía, como la que habíamos estado padeciendo nosotros, hasta antier!