El empleado del consulado americano, le pide una serie de documentos que el hombre no lleva, para comprobar arraigo, solvencia, estabilidad, sabe Dios cuántas cosas más…
El hombre niega cada cosa que le solicitan, con indiferencia y sin ningún contacto visual con el empleado… hasta que logra hacerlo enojar:
–Y ¿Cómo quiere usted arreglar su visa sin papeles? ¡Míreme, por lo menos, qué le hablo!
El hombre, imperturbable y mirándolo escasamente:
-Tiene mi pasaporte y la identificación oficial… mi cita de Internet y el comprobante de pago en el banco, ¡son los requisitos!, no sé para qué me pide ahora más documentos. Debieran especificar en su sección “re-qui-si-tos” que van a pedir hasta lo indecible.
-¿Para que desea viajar a Estados Unidos?
-¡Yo no quiero ni voy a viajar a Estados Unidos!… No me gusta Estados Unidos, no tengo el mínimo deseo de ir. Lo conozco casi completo… no hay una sola cosa que me guste. Nada admiro de su país.
-Entonces… ¿Para qué está renovando su visa por 10 años?
-Por… Nomás… Porque somos vecinos, porque me queda cerca de mi casa el consulado y… No creo que tenga nada que explicarle a usted, ¿o si? -El empleado se mantiene en silencio, esperando alguna explicación-
…-Bueno, porque deseo seguir teniendo el documento. Le pudiera decir: porque me da la gana, pero, pensaría que estoy siendo grosero y no... usted no tiene culpa de nada. En realidad no es en contra suya… Pero si... lo quiero arreglar porque me da la gana.
-¿Exquius mi?
-Nada, nada, ¡olvídelo!
-¿Trabaja?
-¡Si!
-¿Quiere emigrar a Estados Unidos?
-¡No! ¡Nunca! Ya le dije que no me gusta su país -Clava su mirada en la del empleado-
-¿Ni de vacaciones? –Sonriendo ya con dulzura el empleado-
-No, ni de vacaciones… ¡Hmm!… Por si alguna conexión o escala obligada, pero no, siempre hay forma de rodear.
-¡Oquei! –imprime la autorización, sella, firma y entrega- –En un mes recibirá en su casa su visa láser, señor Pérez, por si cambia de opinión... Que tenga usted, un excelente día.

El hombre no contesta ni gracias, ni nada. Sale airoso, feliz de que alguien sepa, que alguien del otro lado del río Bravo, no viajará jamás a ese país, aunque pueda hacerlo.
Sabe que no puede convencer a nadie de que no viajen para allá, a dejar su juventud, su fuerza, su capacidad, su identidad, su dignidad, su salud y muchas veces su vida…
Cada vez está más convencido de que él no quiere ir. Lo que a nadie le importa, pero a él si le importa mucho poder decirlo. Cree que hace algo de justicia a su raza, con su desdén, aunque no sea así.