Si nos uniéramos a través de los ideales, como una sola entidad; los recursos y las energías obtenidas, serían suficientes para consumar hasta las tareas más pesadas, que hoy vemos imposibles.
En legítima comunión, sin intereses egoístas; estructurando las diversas funciones, para organizarnos de verdad y alcanzar, meta por meta, con entusiasmo general.
Protegidos por la lealtad de la asociación, creadora de acuerdos. Sin demorarnos, hasta que sea más pesada la carga, o tener más desdichas que lamentar sector por sector, para empezar a creer en la comunidad, desde la nada hacia la que vamos.
Si sabemos que la comunidad derriba fortalezas**, y es capaz de fundir el metal más duro, con las palabras precisas, que nos ciñan a todos ¿Por qué no la fundamos ya? Es propicio confiar como si nunca hubiésemos sido defraudados… La desconfianza ya tuvo su turno.
Muy claros de que no es necesario dejar de ser personas, sino entender nuestra función en la comunidad, y a la vez: de la comunidad en la humanidad, a partir del espacio que cada uno ocupamos.
Hasta lograr que humanidad y comunidad signifiquen en la práctica lo mismo. Y que sea igual de importante, lo que te beneficie a ti y lo que me beneficie a mí.
En vez de clasificarnos, serviríamos más, a partir de nuestras diferentes potencialidades raciales. Convertiríamos en ventajas, todas las condiciones que han sido desventajas o sustento para tanta maldad.
¡Todos viviríamos por y para vivir! Con la vida como nuestro principal tesoro y a la vez lo más simple, asequible y disfrutable… Derecho del que hoy tenemos entre todos, con nuestro silencio cómplice, negados a muchos millones de hermanos, a quienes confinamos a una eterna muerte en vida.
* Con lo que se invierte en un día para la producción de armas, comería toda la humanidad durante un año.
** Fuerte, muro, muralla.