Esa locura no ha de tocarnos,
tenemos la habilidad
de intercambiar
todos los grados y matices
de los sentimientos
derivados del amor.
Tenemos ese derecho
y esta vez el deber
de hacerlo.
Nadie podrá impedir
que lo demostremos,
con un gesto,
un saludo,
un toque,
una sonrisa,
una mirada,
una simple palabra.
No respondamos
con el odio que buscan
desesperadamente,
para justificar
su inhumanidad.
No somos iguales.
Ese odio no nos pertenece,
es todo de ellos.
Esa locura es de ellos
también.
No aceptemos
que nos manchen
lo más puro
de lo que somos:
Amor y paz.
Al menos, aunque a veces cueste, hay que intentarlo.
ResponderBorrarBesos, Sara!
Y de uno en uno, vamos limpiando el ambiente. No se puede combatir el odio con odio.
BorrarBesos.
El poema invita a detenerse, a escuchar esa voz interior que busca permanecer en calma cuando el mundo se enloquece. Su primer verso —“Esa locura no ha de tocarnos”— parece una advertencia y, al mismo tiempo, una plegaria: mantener la cordura del corazón, no dejar que la violencia o el miedo nos roben la capacidad de amar. Es el punto de partida de una práctica espiritual, una suerte de zazén emocional: reconocer el tumulto exterior, pero cultivar dentro un espacio de silencio limpio.
ResponderBorrarEl poema recuerda que todavía podemos comunicarnos con gestos simples: una sonrisa, una palabra amable, una mirada. Esas pequeñas manifestaciones del amor —tan discretas y, sin embargo, tan poderosas— son actos de resistencia espiritual frente al ruido de la inhumanidad. Cada uno de esos gestos tiene la delicadeza de un pétalo en medio del viento; no detiene la tormenta, pero demuestra que la belleza aún existe.
Cuando dice “No somos iguales”, no nace de una idea de separación, sino de elección interior. No queremos compartir la amargura ni el odio; elegimos otro camino, más difícil, menos ruidoso. La diferencia no proviene del orgullo, sino de la fidelidad a lo más luminoso del ser: ese impulso hacia la bondad, hacia la compasión, hacia el amor que libera.
El final, “Amor y paz”, no suena a ideal utópico, sino a un estado interno que se alcanza mediante una vigilancia constante del alma. Es un recordatorio: aunque el mundo esté cubierto de ruido y de sombras, todavía podemos decidir desde dónde vivir. Y esa elección —la de no dejarnos tocar por la locura— es la expresión más honda de la libertad interior.
Bienvenido, Joselu. Agradezco sobremanera tu maravillosa aportación a esta entrada. La has enriquecido mucho.
BorrarUn abrazo.
Qué poema tan bonito y tan sabio!!!!
ResponderBorrarDeberíamos aprenderlo de memoria y aplicarlo en todo.
Besos y aplauso.
Muchas gracias, me causa mucha alegría tu comentario.
BorrarBesos.
No somos iguales, tenemos la suerte de ser los diferentes, no perdamos esa condición. Un abrazo
ResponderBorrarPor nada permitamos que nos quiten la capacidad de amar.
BorrarUn abrazo.
Amor y paz...
ResponderBorrarUn abrazo muy fuerte, Sara.
Nueva publicación en mi blog también.
¡Feliz día!
Gracias por tu aviso, Marisa.
BorrarUn abrazo.
Amor y paz sí... Pero sin ser ingenuos y sabiendo que en esta guerra de clases vamos perdiendo y no queda otra que lucha social y desprenderse de la jaula que aprisiona las conciencias
ResponderBorrarSalud amiga
Se puede luchar sin necesidad de ser violentos.
BorrarUn abrazo.
Es dificil mantenerse inmaculado y a la vez firme ante el oprobio, a veces hay que pagar un precio para defender los principios
ResponderBorrarA la defensiva y no a la ofensiva. La gente enferma y es más violento el pacifista que el violento.
BorrarUn abrazo.
Amor y paz dos palabras que entre otras son mis preferidas. Un abrazo querida amiga.
ResponderBorrarMe alegra saber que sean de tus palabras preferidas, hay que defender que se cumplan.
BorrarUn fuerte abrazo.
Un reflexivo y estupendo poema.
ResponderBorrarUn abrazo.
Gracias, Amalia.
BorrarUn fuerte abrazo.
Ah, sí, amor y paz. Esas asignaturas que llevamos suspendiendo desde el Génesis.
ResponderBorrarHay que aplicarnos al máximo para no seguir suspendiendo.
BorrarUn abrazo.
Me has dejado pensando en esta frase: "Esa locura no ha de tocarnos".
ResponderBorrar¡Ojalá!, digo yo.
Más que un poema, parece una plegaria.
Besos, Sara. ☮️💞
Una plegaria para invocar lo mejor de nuestra parte humana.
BorrarUn abrazo grande.
Que no nos toque la locura ajena, un abrazote Sara.
ResponderBorrarQue nunca nos toque, sentir siendo amorosos.
BorrarUn fuerte abrazo.
Sara, Desde la noche de los tiempos se ha creído que usar/amarrar un hilo, cinta, correa, lana o cualquier cosa de color rojo en tu muñeca izquierda, se asocia con protección (si lo intencionas con fe): te va a impedir que entre a tu cuerpo energía indeseada (más todavía si cierras el puño, el izquierdo, en ambientes cargados y tóxicos). Según cuentan, la mano izquierda es receptora de energía: es por donde entra a tu organismo. Y la mano derecha, es por donde esa energía se expulsa. Va un abrazo.
ResponderBorrarGracias por compartirnos esa antigua creencia, que prevalece hasta la actualidad.
BorrarUn abrazo.
Todo acto de fe es un acto de resistencia también...
ResponderBorrarAbrazo hasta vos!!
Claro que sí. Un abrazo!
BorrarEsa locura es mejor que pase de lado y hagamos caso omiso.
ResponderBorrarAbrazos.
Ignorarla para que no nos contagie, y, cuidarnos para que no nos destruya.
BorrarUn abrazo.
A mi me destruye, pero intento sobrellevarlo pensando que también es una reflexión para muchos que no terminan de despertar, y mi pensamiento de AMOR para los que más la sufren, es mi único consuelo en estos momentos.
ResponderBorrarABRAZOTE PRINCESA ^:^
Sí. Estamos en momentos muy complicados y hay que estar muy dispuestos a generar una buena energía con quienes están en nuestro entorno.
BorrarUn abrazo grande!
Tu entrada es tan bella y profunda que, no me sorprende, provoca comentarios tan estupendos como el de Joselu.
ResponderBorrarAbrazos , admirada Sara.
Muchas gracias, Luis Antonio, me alegra muchísimo lo que me has dicho, me emociona!!
BorrarUn fuerte abrazo.