Traductor :

Mostrando las entradas con la etiqueta Anécdota. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Anécdota. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de mayo de 2026

De la vida

Yo no sé si pasamos por la vida, o la vida pasa por nosotros. A veces tan sutil como ondas que subliman de una delicia musical, dejándonos notas de entusiasmo, ensoñación y ternura. 

Yo no sé, si la vida nos pasa por encima, como cien caballos desbocados, reduciéndonos a una parte ínfima de polvo. Insignificantes vestigios, menos que  nada; pero aun así, lastimados, agonizantes. Una película transparente sobre el suelo que pisábamos con tanto garbo. 

Pues, en temporadas, andamos por la vida como la estrella principal de la pasarela. Erguidos, orgullosos, estupendos, imposibles de ser ignorados, atractivos, imanes, muy nosotros, muy dueños. 

Y en temporadas, incapaces siquiera de arrastrarnos por los márgenes, las orillas por donde nadie que pudiera aniquilarnos transite. 

Es que no queremos más desprecio, violencia o peor aún, lo que más hiere: indiferencia y desdén. 

No sé si pasamos por la vida o ella por nosotros. Pues a veces es... Y otras... Pero siempre algo muy fuerte se siente y los ojos lo revelan, con brillo o humedad  (y una que otra inundación).

viernes, 30 de mayo de 2025

El ridículo

(Otra entrada apaga fuegos, relax y de anécdota personal, con invitación a quien quiera contar algo ridículo que le haya sucedido).

Va:

Soy tímida, ¡mucho! Me cuesta demasiado asistir a actividades donde no conozca a nadie. También tengo pánico escénico. Aunque, puedo sobreponerme y hacerlo cuando es necesario. Ah, y soy zurda, dato importante porque a menudo me confundo con "izquierda" y "derecha"... *Aclaración, solo en movilidad. En ideología seguiré siempre en mi extremo. 

Aquí la historia:

Hace tiempo fui a una entrevista para obtener un empleo. Al llegar a recepción me indicaron que sería en "x"piso superior, en la puerta de la derecha, que por nada fuera a entrar a la izquierda. 

Claro, como imaginarán abrí la puerta izquierda y... (Música de suspenso, redoble de tambores).

Entré a un auditorio repleto, justamente al escenario, al lado del expositor, con todos los reflectores encima. La cara, el gesto y la actitud que tuve, hizo que los asistentes rieran a carcajadas. 

Pude haber salido despavorida, pero no lo hice. 

Sino que les dije, "y eso que el chiste todavía no lo cuento". Y les conté un chiste infalible del paracaídas. Hice caravana y salí, con  aplausos, abrazo del expositor y todo. (Lo recordé por la cara de poema de personaje famoso de la semana pasada... Tal vez si supiera el chiste del paracaídas hubiera salido bien parado del paso). 

El expositor se portó de lo mejor (supongo que estaría empezando su ponencia y le serví de "rompehielo" y salí airosa de mi mal paso). 

Allí, superé el miedo a hacer el ridículo. Y seguí haciendo ridículos en muchos lugares de diferentes formas, con gran desfachatez, de diversas formas, sin miedo. Aunque sigo siendo muy tímida. 

Y por supuesto, ese pequeño detalle hizo que ni siquiera me recibieran para la entrevista. Pero bueno, yo bajé riendo y ya en la calle todavía tardé en poder dejar de reír. 

Ya saben la respuesta al ¿Cómo te fue? 

"De maravilla, pero no me recibieron".

*Se vale reír. E invito a contarnos algo ridículo que les haya pasado.