*Ojo... Si no aceptas la crítica, no entres. Si todo lo tomas personal tampoco.
Confieso que sigo sin entender. Han bautizado a niños, hay quienes piden que haya calles, monumentos, edificios con el nombre del bicho. No quieren enfermar de él y todo el día piensan en él. Están aferrados a él. No se sueltan de él.
Hay quienes quieren y prometen nunca olvidar la pandemia. Pero, como para qué les servirá recordarla, si el grueso de la población manifiesta un gran malestar por tener que estar en su casa con su gente. Cuando les debería dar gozo. O sea... ¿Quieren recordar para estar torturándose después también. No que viven en el ahora y aquí? Les digo que no entiendo.
Dijeran ustedes, es que no tienen qué comer, qué beber, qué fumar, ni medios para pagar renta, luz, agua, gas, electricidad, internet. Pero no. Tienen todo... y aún así, se sienten presos.
Pocos, muy pocos, son quienes teniendo todo lo necesario, dejan de nombrarlo o no piensan en él.
Quienes están haciendo algo de provecho o al menos algo agradable.
Lo que tienen es ocio, holgazanería, dejadez y aburrimiento. Enfermedades más criminales que el virus inducido, que están utilizando los poderosos para terminar de hacernos zombies. Todos, todos, quieren vacunarse ¡ya!!! con el miedo que sienten de abandonar sus insatisfechas vidas. Que yo sepa... A todos quienes conozco y
se han vacunado contra la gripe y la influenza, les ha ido pésimo.
Existe el virus... Claro. Ayer fallecieron 3 personas que conozco de esa enfermedad.
Igual que el año pasado murieron 2 millones y medio de influenza en el mundo, con todo y vacuna según la OMS. Pero como cuando la influenza empezó, nadie nos dijo: bañate a diario una o dos veces, lávate las manos en cuanto toques alguna superficie ajena a tus dominios, no salpiques saliva a la gente en la cara, mantén distancia.
Y lleva una disciplina en el comer, pensar, hacer, sentir... La gente está como loca. Les urge salir. Huir de sí mismos, escapar en el ruido y la velocidad de su voz interior. Ahogarse en los almacenes y los bares. Comprar, para mitigar sus incongruencias, para llenar su vacío ser.
Deberían haber agregado en las recomendaciones también disciplina en el decir, porque está infestado el mundo de las insatisfacciones por la incapacidad de convivir durante una temporada consigo mismos. Comprenderse. Y dejar de ser tan incongruentes. Porque no creen en el mañana. Viven en el ahora y aquí supuestamente, y están aterrados con lo que será después y dispuestos a recordarlo siempre. Muriendo de tristeza, sin estar enfermos, ni haber perdido familia en ello.
¿Qué pasa?... Repito, sigo sin entender. Y cuando les he preguntado, nadie me ha respondido algo profundo y de valor, ya no digamos para el mundo o su círculo inmediato por lo menos. Sino para sí mismos. Pero no abandonan el Yo necesito, yo quiero, yoyoyoyo... Puros deseos banales.
No ha habido una sola persona que me diga, seré mejor persona después de esto, más fuerte, más solidario, más condescendiente, más generoso, menos racista, menos prejuicioso, menos clasista, etc.
Bastante apología al bicho hay en los medios, como para dejarnos infectar los blogs. Que son los remansos de vida y paz y últimamente están supurando enfermedad. Y me extraña que enormes escritores, poetas, se hayan dejado arrastar por la ola.
Al enemigo se le mantiene alejado, ignorado, inexistente. Solo listos de prevenir sus ataques.
Apología... De la vida, de la alegría, del amor. No de un bicho, del cual ni su nombre deberíamos pronunciar jamás. El tiempo y el espacio que podríamos asignarle, a llenarlo de esperanza y confianza.