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sábado, 19 de enero de 2019

El clima humano

Ayer, en muy diferentes ámbitos, todas las personas que vi estaban metidas en sus teléfonos móviles. Sentí ganas de rescatarlos. Pero ni siquiera lo intenté. Ya estaban todos perdidos.

En una antesala que tuve que  hacer, una niña a dos asientos de donde me senté, me sonreía y me lanzaba besos, que yo los atrapaba en una mano y ella reía a carcajadas y más besos me lanzaba.

- Es hermosa su hija. Qué felices y amorosos nacemos todos, le dije a su padre, sentado justo enseguida de mí.

Él, me miró molesto, por distraerlo de su teléfono y ni "ah" me dijo. Ellos se fueron antes que yo, la niña se despedía de mí con su mano. Su padre la tiraba de la otra mano, sin salirse un instante de su teléfono. Sentí pena por ella y recordé lo importante que yo era a su edad, para mis papás. Nunca hubiera necesitado andar buscando simpatía en extraños en ninguna parte.


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