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martes, 16 de junio de 2026

Jardinera

 


Hoy no voy a hablar de política, ni de la FIFA, ni de la OTAN, ni de la ONU, ni de la OEA, ni de izquierda, ni de derecha, ni de religión, ni de futbol, ni de las groserías que les ha hecho USA a los equipos de algunos países. 

Tampoco voy a hablar de los negocios turbios detrás de cada cosa buena.  Menos hablaré de la falta de solidaridad y confianza que debían tener todos los gobiernos que han sido agredidos, agraviados, humillados, ultrajados, aniquilados, por el gobierno infame de USA. País al que ya debían haber bloqueado todos los demás países y cuyo representante debería de estar en prisión desde hace mucho tiempo. 

Cuando no se habla de política, ni de religión, ni de futbol, ¿de qué se habla?

Del clima, la luna, el sol, las estrellas, los maravillosos animales e insectos, de las plantas. Sobre si sienten los insectos. Eso preguntó Joselu en su blog Cisne en llamas. 

No lo sé, no soy científica, pero yo pienso que si sienten. Tal vez no sienten amor, ni odio, etcétera. Cuando hago jardinería he visto el apuro con que las hormigas recogen a algún cadáver de hormiga. Cuando alguna abeja, prácticamente agradece si le doy agua y la bebe. El miedo que revela Joselu en su blog, de una cucaracha que sabe que uno la va a matar. Por lo menos instinto de conservación tienen. 

Las plantas, los árboles, sienten. Se comunican entre sí, se protegen, perciben nuestras emociones. Son muy sensibles. 

Los seres vivos sienten. Todos. 

El ser humano es quien se está haciendo insensible. Yo no. Gracias a la flora y la fauna, de quienes aprendo mucho sobre compañerismo y solidaridad. Los observo y encuentro cualidades que las personas han ido perdiendo. 

viernes, 12 de junio de 2026

El torneo


Ya empezó el torneo. Las grandes alegrías y las grandes decepciones. Nada puede ir sin su contraparte. 

El jueguito de 11 contra 11 asoleándose como desquiciados, corriendo detrás de un balón. Y millones de espectadores a través de las pantallas, gritando como si conocieran lo que es estar en un campo a corre y corre. 

Torneo en plena guerra de información, exclusión, discriminación, sin ton ni son. 

Torneo de marcas, Coca-Cola, cerveceras, comidas chatarra y demás.

Torneo de bares, antros, restaurantes y cuanto establecimiento exista que haya pagado derechos por las transmisión.

Torneo para ricos, en palcos millonarios, aunque no sepan ni puta cosa de cómo es que se juega el jueguito, para sacarse fotos y subirlos a redes a presumir. 

Torneo que no es democrático porque la organización es top de corrupción, como todo aquello donde hay dinero de por medio. 

Torneo que a mí no me importa, pero tal vez si me importa, puesto que aquí estoy hablando de él. 

Torneo en que ya no se puede siquiera decir "mundial" porque hay que pagar derechos por solo mencionar la palabra.

Y me puede, claro que lo lamento, porque yo fui reina campeona (jajaja) claro, delantera y goleadora de mi barrio, cuando había jugadores monstruos como Pelé. Cuando los jugadores salían de los campos llaneros y no de recomendación de quién sabe qué influyente patrocinador de alguna marca. Cuando todavía era a costa de condición física natural y disciplina y no los drogaban como hicieron con Maradona para rendir más, hasta que lo reventaron, caso por el que dejó de gustarme el mundial. 

3 mundiales ha tenido México y solo el primero lo gocé, como se goza siendo fanática.  Cuando todavía no sabía todo el teje maneje detrás del mencionado deporte. De todas formas, ayer escuché a mis vecinos en dos ocasiones gritar ¡goool! Cómo si ellos los hubieran metido y disfruté de su alegría, porque recordé la mía otrora, cuando celebraba el arte del rey Pelé. Después de él, todo es pacotilla. 

¡Disfrútenlo amigos!

martes, 9 de junio de 2026

Fe

Por traiciones 
Por deslealtades
Por ataques
Nos surge la decepción.
Ese vacío interno
que muy pronto
ocupa el desánimo
y la desconfianza.
La duda acerca 
del posible bienestar 
y mejoría.
Sentimos miedo. 

Recibimos constantemente
miles de estímulos negativos
sobre la realidad del mundo.
Un ataque sin fin a la mente
y al corazón
que ya se activa a través
algoritmos, hasta el más
recóndito lugar 
de nuestro ser. 

Nos destrozan 
el ímpetu de vivir
instante por instante
a base de basura. 
Vemos todas las bajezas
consumadas con el simple
deslizar de dedos
sobre una pantalla.
Y nos atrapan. 

No hay vuelta atrás, 
es irreversible el paso 
que hemos dado en nuestra
forma de vida. 
No hay manera de zafarnos 
de la operatividad digital. 
Ya nada podemos hacer
sin internet. 
Nos han condicionado
todas las gestiones. 
Hasta las más simples,
como pedir que nos surtan 
cualquier cosa
necesaria en el hogar. 

Solo nos queda reforzar la fe, 
ya sea en lo divino (quienes lo aceptamos) 
o en alguien que nos sea modelo 
o en nosotros mismos.

Solo nos queda la fe, 
para poder sujetar con fuerza
el propósito, el rumbo, el camino,
hacia la confianza y la certeza
de que a pesar de todo
podemos estar bien.