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viernes, 24 de enero de 2020

Mi gallo, continuación 3a. parte

Casi resignada a lo que no me iba a perdonar jamás y harta de tanto desaire, como por no dejar, le pregunté a una mujer que estaba saliendo de su casa y con pinta de tener buen corazón, si conocía a quién pudiera tener gallineros cerca.

Cuando estaba por negarse a hablar conmigo, llegó un hombre, al que le dijo: La señora anda buscando quien quiera un gallo... haciendo un gran esfuerzo por contener la risa, por mi "ridículo" interés por ¡Un insignificante gallo!.

"Deberá estar mal de la cabeza", intuí que pensaban.

El hombre, sí se rió abiertamente.

- ¿Por qué no se lo ha comido, señora?, me dijo.

- ¿Qué, qué, cómo cree que yo cometería ese asesinato? Le respondí.

- ¿No me diga que no come pollo?

- Sí, pero, cara de qué me ve. No sería capaz de... Y pase mi mano por el cuello, horrorizada.

Después de divertirlos a sus anchas, y no se crean, yo también, me dio las señas para encontrar a quien probablemente lo querría. Fui, pero no lo encontré.

De regreso, localicé al hombre que mmírefirió con el otro y lo obligué a que me prometiera que él le avisaría.

- Dígale que se apure, porque peligra mucho ese gallo. Entre perros, gatos, niños, gente, carros, nevada...

- Tranquila,  yo le digo, hoy mismo le llamo. De seguro va a buscarla...

Por el retrovisor vi lo divertido que se quedó, con mi proceder. Y aunque no lo crean, yo también me reí de mí. De mi empeño utópico.

(Continuará...)

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