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martes, 17 de septiembre de 2019

Indiferencia

Es muy fácil saber el origen de los problemas sociales de hoy.

Vemos a alguien en situación vulnerable y viramos nuestra atención hacia lo agradable y no nos damos por enterados.

Cuando nos damos cuenta, hacemos como que lo que vimos, lo vimos mal.

Si no podemos evitar percatarnos, justificamos: "No me incumbe", "no soy yo, ni ninguno de los míos".

Pero... A diario, alguien se queja de lo mal que está la sociedad.

¿Qué hace cada quien, qué hago yo, qué haces tú, por erradicar la decadencia moral de la sociedad?

"No me corresponde", "no tengo tiempo libre", "todavía no tengo edad", "ya estoy por encima del bien y del mal", "no voy a meterme en problemas por gente que ni conozco".

Con respuestas así,  evadimos nuestra posibilidad (responsabilidad) de ayudar. Aunque una pequeña, una mínima acción, que nada nos quitaría, podría ser de enorme ayuda para alguien.  Incluso,  podría salvar su vida.

Como ejemplo de esto, mi publicación anterior, en que, para mi sorpresa, hasta llegaron a comentar: "linda y tierna historia".

Sobre el maltrato a menores. Uno de cada 100 personas, se entera y decide ayudar.  Y como los 99 no apoyan, ese 1, muy poco puede lograr, sin más testigos que quieran involucrarse. El maltrato a menores es incuantificable. En muchos casos, es un problema que queda oculto. 

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