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jueves, 18 de enero de 2018

Qué sería... de verbo ser, no de fábrica de queso

Qué sería de mí, si no esperara a que mañana salga el sol, en este día gélido y sin una pizca de él (del sol).

Qué sería de mí, si en situaciones infortunadas, no vinieran de inmediato la imagen de mi madre o mi padre o mis hermanos a consolarme, quienes ya no todos están. O los amigos niños a abrazarme (quienes ya tampoco todos están).

... Qué sería de nuestra Lengua, sin verbos en tiempo pasado, ni en futuro.

Quedaría la literatura, sin posibilidad de narrar lo sucedido e imaginar lo que sucederá. El Quijote, por ejemplo, tendría solo parte de los diálogos, sin saber cómo, cuándo y por qué de lo que hablan.  Es más, dejaría de existir.

Estar solo en presente, nos elimina la capacidad de resistencia, de permanencia y la experiencia que necesitamos para mantenernos firmes en la vida, que da el pasado.  Y también resta el anhelo de llegar a la otra orilla, cuando se nos hunde el barco, que da el futuro.

Reducirnos a presente, sería quedarnos en blanco instante tras instante... sin historia y sin esperanza. Fluidos, sin oponernos a la marejada de dominación.

Viviendo en todos los tiempos de conjugación posibles, encontramos los recursos vitales, la fuerza, lo mismo en un álbum con telarañas que en una utopía futurista,  cuando el presente esté jodido. Con tal de no dejar que nos detengan el corazón antes de que se pare solito por muerte de verdad.

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