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sábado, 20 de octubre de 2018

No murió de frío

Hablan por hablar y hacen daño. Han dicho que el poeta, murió de frío. Qué va.

Con la pasión con que escribía, pudo sucederle que:

Le explotara alguna sílaba enloquecida. O,
que se le clavara alguna tilde envenenada.

Pero ¿de frío? ¡No!

Pudo ser, que esa noche, se le amotinaron todas sus musas, celosas entre sí, hambrientas de exclusividad y en el jaloneo, lo desintegraron.

O, que ellas de acuerdo, lo colmaron de alipuses y amor, hasta encenderle el corazón, consumiéndose todas con él, en la hoguera de su última estrofa.

Pero, ¿morir de frío, el poeta que incendiaba renglones con su pluma? ¡Jamás! Que no hablen, quienes no conozcan sus poemas.

Murió el poeta a causa de un exceso de amor y musas, en su noche más alegre de invierno. Esa es mi versión, que repetiré hasta que se haga verdad. Simplemente, porque no se vale  que un poeta...

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