Yo no sé si pasamos por la vida, o la vida pasa por nosotros. A veces tan sutil como ondas que subliman de una delicia musical, dejándonos notas de entusiasmo, ensoñación y ternura.
Yo no sé, si la vida nos pasa por encima, como cien caballos desbocados, reduciéndonos a una parte ínfima de polvo. Insignificantes vestigios, menos que nada; pero aun así, lastimados, agonizantes. Una película transparente sobre el suelo que pisábamos con tanto garbo.
Pues, en temporadas, andamos por la vida como la estrella principal de la pasarela. Erguidos, orgullosos, estupendos, imposibles de ser ignorados, atractivos, imanes, muy nosotros, muy dueños.
Y en temporadas, incapaces siquiera de arrastrarnos por los márgenes, las orillas por donde nadie que pudiera aniquilarnos transite.
Es que no queremos más desprecio, violencia o peor aún, lo que más hiere: indiferencia y desdén.
No sé si pasamos por la vida o ella por nosotros. Pues a veces es... Y otras... Pero siempre algo muy fuerte se siente y los ojos lo revelan, con brillo o humedad (y una que otra inundación).