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lunes, 9 de marzo de 2026

¿Usted quién es?

Terapeuta: A ver, dígame, usted quién es.

Ella: Soy una mujer de tantos años. 

Terapeuta: No le pregunté su edad 

Ella: Estoy casada. 

Terapeuta: Tampoco le pregunté su estado civil. 

Ella: Soy madre de...

Terapeuta: Tampoco le pregunté si ha tenido hijos.

Ella: Estudié la carrera de...

Terapeuta: ¡Eit, a ver, respire profundo, míreme, concéntrese, ponga atención... Solo conteste ¿Usted, quién es?

Ella: Soy un ser humano... una mujer que quiere ser mujer y ser considerada mujer y hacer, decir y pensar, todo lo que como mujer quiera. 

Terapeuta: Y qué se lo impide. Venir hasta acá para hacer esas declaración de intenciones. ¿Qué le ha faltado?
Yo la veo como una mujer, de muy buena edad, con una inteligencia promedio, con una vida personal normal, que tiene varios roles, muy desenvuelta y capaz  ¿Entonces? 

Ella: ¿Entonces? ¡Dígamelo usted! 

Terapeuta:  ¿Yo? 

Ella: Sí, usted. 

Terapeuta: No me toca a mí.  Eso, solo a usted le corresponde.

¡Créaselo! Haga, piense, sienta y diga lo que le plazca y no permita que nadie le diga qué hacer, qué pensar, qué sentir y qué decir.

Ella: ¿Así de fácil?

Terapeuta: Así de fácil...

Mmm... Solo por si acaso, aprenda algo de defensa personal, artes marciales, para que la fuerza bruta tampoco le impida su realización plena.  

Ella se despide del terapeuta y sale a la calle con aire de "todo lo puedo". 

*Comentario personal:
 Yo no voy con los gritos, ni las marchas, ni las manifestaciones, ni los clanes, ni los grupos, ni las sectas, ni las hordas feministas, como tampoco tolero el machismo. 

Si creo en el empoderamiento de las mujer para que individualmente logre lo que le nazca lograr, respetando al hombre, a otras mujeres y a sí misma. 
Sin tener que competir, ni medir fuerza con el hombre. COMPLEMENTÁNDOSE y haciendo valer sus derechos, con preparación y con firmeza. 

A mí me encanta el hombre y me gusta su reciprocidad. Cada uno aportando su respectivo potencial. 

Han creado un mundo de mujeres amargadas, neuróticas, psicóticas, con hombres desplazados y muy desorientados. La mujer se ha desbordado. 

Igualdad de derechos, pero nunca iguales, cada uno tiene lo suyo muy específico y diferente. 

1 comentario:

  1. He leído con atención tu texto y comparto plenamente tu mirada sobre un feminismo integrador que no reniega de las diferencias, sino que las asume como fuente de riqueza. Me parece muy significativa la escena con el terapeuta: esa búsqueda de identidad más allá de los roles sociales, el trabajo, la maternidad o el matrimonio, desemboca en algo esencial —“soy una mujer que quiere ser mujer”—, afirmación que debería bastar por sí misma.

    Tu comentario posterior sitúa con valentía una postura que escapa tanto del machismo como de ciertos extremismos feministas. Entiendo y respaldo tu apuesta por una autonomía consciente, basada en la preparación, la dignidad y el respeto mutuo. No se trata de negar al hombre ni de competir con él, sino de reconocernos en ese ámbito común donde uno y otro se completan, sin jerarquías ni sometimientos.

    Coincido contigo en que el equilibrio se ha perdido cuando el discurso se convierte en confrontación. Defiendo, como tú, un feminismo sereno, que recupere la complicidad y la admiración recíproca. Reivindicar la diferencia no es rendirse: es afirmar con fuerza que lo femenino y lo masculino, lejos de excluirse, se iluminan mutuamente.

    Saludos

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