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martes, 21 de agosto de 2018

36 fierros

Decidió finiquitar su negocio, para irse a vivir con mayor libertad y paz, a un pequeño pueblo. Algo que siempre soñó.

Realizó las gestiones legales y rápido le compraron hasta el equipo y mobiliario. Trató de regalar los artículos de escritorio, pero nadie los quiso. Solo eso quedaba de su actividad de muchos años.

Con la ilusión de su ya cercana nueva forma de vida y en broma, los etiquetó con precios ínfimos. "Mañana Dios dirá qué debo hacer con eso... a la basura, de seguro."

En cuanto llegó esa mañana,  entró un anciano muy afectuoso, quien con un agrado y paciencia, como si de obras de arte se tratara, revisó cada artículo e hizo la suma: "36 pesos". Sí, eso dio la cuenta.

Desamarró un pañuelo que contenía exacta la cantidad en monedas de 1 peso.

Con una sonrisa que no sabría describirla. Amorosa, seria lo más justo, expresó: "Aquí tiene... 36 fierros", con el gesto gustoso de cerrar una estupenda negociación.

"Me será muy útil todo...
Le deseo mucha suerte, aunque no la necesitará, pues le irá muy bien a donde va", y partió.

El protagonista no le había informado que se iría, ni a ninguno de los compradores, mucho menos a familiares o amigos, para no recibir opiniones que lo hicieran dudar.

Guardó esas monedas en un pañuelo suyo, como un símbolo de fin y comienzo. Y  en recuerdo del anciano, que le hizo sentir con su presencia, tan agradable emoción.

4 años después, una noche en que se sentía feliz y muy satisfecho de su decisión, llegó a su casa un niño, suplicando con llanto su ayuda... había perdido su dinero en la escuela y no tenía para pagar el autobús hacia su casa, en un pueblo cercano. Le contó que pasó toda la tarde tocando puertas, recibiendo solo desprecio.

- ¿Cuánto necesitas, hijo?

 - "36 fierros."

El protagonista informó por teléfono a la familia del niño, le dio algo para que comiera en el trayecto a la central de ómnibus, pues habrían de apresurarse a alcanzar la última salida y pagó con las 36 monedas su pasaje.

El niño en la despedida, mostró la misma sonrisa extraordinaria del anciano.

. . .

*Fierros, para referirse a pesos, una expresión muy antigua, que ningún niño podría conocer ¿Casualidad?

* 36 es un signo muy radical en el I Ching.

* Fueron en la misma fecha los dos sucesos.

* disculpen que me quedó muy extenso y que no he visitado

lunes, 13 de agosto de 2018

Ese grito

Al enviudar Maruca, emigró a Texas con sus cinco hijos. Pasaban los años de trabajo intenso y no lograba ahorrar para regresar a México a montar un negocio, como era su plan. En 1964, su hijo mayor y el único varón, cumplió la mayoría de edad y fue reclutado por el Army. No hubo argumento de Maruca que lo convenciera de negarse y de que mejor se regresaran a México.

- Entiéndame mamá, es necesario y además yo no la quiero ver matándose trabajando. Cuando regrese, ya podremos todos ser american citizens, según me han dicho y, con mi sueldo resolveremos el futuro, mis hermanitas podrán vivir diferente... mejor.

Regresó vivo de Vietnam, pero ya no pudo seguir en activo y lo pensionaron. Convivir con él era insostenible,  por ello retornaron a México, con la doble nacionalidad de los 6, solvencia económica y con la esperanza de que el apoyo prometido de toda su familia, sería favorable para estabilizar y salvar a su hijo, quien logró dejar de consumir drogas, pero quedó con secuelas emocionales y psicológicas, que lo regresaban imaginariamente al campo de batalla con suma facilidad. Aunque cumplió su promesa hecha antes de partir. Maruca ya no trabajó más... No pudo. Todo su tiempo era para cuidarlo.

Una tarde, él, como si fuera uno de ellos,  salió a jugar a las canicas con unos niños frente a su casa. Maruca lo vio tan alegre y plácido que se ocupó de otros asuntos. En eso, reventó la llanta de un carro que pasaba y casi simultáneamente un niño llegó corriendo a su respectiva casa: ¡Mamáaaa, están matando a Paco!

La madre del niño y de Paco, al grito de ¡Nooo! se lanzó sobre el hijo de Maruca, que estaba por aniquilar al niño con un picahielos.  Rodaban y forcejeaban, cuando la auxiliaron varios vecinos y entre todos lo sometieron con mucha dificultad, en lo que apareció Maruca, que lo meció hasta tranquilizarlo. Se dispersó el tumulto y no volvieron a jugar los niños afuera.

Los participantes, sin acordarlo, callaron y olvidaron el incidente con el hijo de Maruca, primo de Joel, vecino de las Portillo, quien al morir su papá emigró a Texas y regresó mayor pero siendo más niño, de la guerra de Vietnam, con muchos privilegios, el futuro de su familia asegurado como prometió y sin nombre... Pero el incidente, se quedó arremolinado con el grito de pánico de la mamá de Paco, que todos escucharon y hasta hoy es escuchado tras cualquier estallido, estruendo o al transitar niños por allí. 



viernes, 3 de agosto de 2018

Hula, hula y decidir

A cada paso, la constante de decidir. Ir por esto o por lo otro. Y qué decir cuando no sabemos ni qué queremos o cuando creemos que no hay salidas. También cuando literalmente no hay salidas. Hay momentos en que quedamos atrapados, estancados, empantanados. Qué quiero de mí, qué de los demás. Qué quiero para mi vida, de mi vida. Porque no se trata de ir viviendo en automático y tampoco a través de los demás.

¿Estoy a gusto con lo que hago, con lo que soy? ¿Estoy a gusto con la manera en que estoy viviendo?

Hay tiempos en que solo resistir y seguir viviendo, sobrevivir ya es un éxito grande. Ya es algo para celebrar.

Muchos mexicanos, como yo, hemos estado en esa encrucijada. Aventurarnos, arriesgarnos, a costa de muchos peligros.... la inseguridad, la delincuencia, propiciada por los malos gobiernos, que nos llevaron a un estado de cosas insostenible; o no arriesgarnos. Esperar, solo esperar.

Muchos mexicanos han soportado lo que no quisieran soportar, se les ve el agobio, el cansancio, el hartazgo. Por ejemplo de trabajar en actividades muy lejos de lo que quisieran. Solo por mantenerse y a los suyos, por conservarse vivos, al día. Otros se fueron de aquí, perdiendo sus relaciones más cercanas, perdiendo hasta su identidad, a veces ingresando en situaciones más incomprensibles o injustas y sin la alternativa de poder regresar pronto y añorando.

Estoy haciendo un alto en un semáforo. Hay una chica preciosa, pequeñita, ligera, que flota, se eleva, gira incesantemente. Tiene larga y tupida cabellera, recogida en una dona, hace acrobacias con unas hula, hula. Parece de Centroamérica, pero bien puede ser nacional, del sur.  Tiene una actitud muy positiva, libre, sonriente, coqueta. Tiene gracia, encanto. Su cara parece esculpida por un gran artista, de facciones muy menuditas, finas. Es muy bella. Al verla imagino que está en algún festival en Mónaco, en un set de cine, o enseñando en alguna academia. Quizá estoy viendo donde ella se imagina y por eso su alegría inusual. Viviendo como reina de su habilidad y no en un crucero de Chihuahua.

Qué la trajo aquí, a esta ciudad tan gris e inhóspita, a menudo infernal, cómo logra mantener su corazón repleto de fuerza e ilusión, para quedarse aquí o para ir ¿a dónde... Cruzar el río Bravo?

Y yo, contemplándola... ¿Qué quiero? No lo sé... Pero me gustaría encontrar la manera de tener una ligereza, gracia y gusto como los de ella. La fuerza de un plan como el suyo, para sentirme como ella. La envidié. Ojalá que esté consciente de lo importante que será mantener su actitud. Nunca le hará falta más, para lo que decida hacer y que Dios la proteja y le permita llegar.


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