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sábado, 26 de febrero de 2011

Río Bravo, herida abierta


Río Bravo, una herida abierta difícil de sanar...

Ciudad Juárez, que durante más de 50 años, ocupó primero y segundo lugar en productividad económica y en aportación al Producto Interno Bruto a México.

Lugar  noble, que ha albergado a gente trabajadora de todas las partes del país y de los vecinos de Centroamérica. Asfixiado por intereses que nadie común como yo, logramos entender, pero que nuestro instinto aún no acabado, nos hace sostener la brújula de la suspicacia.

Ciudad Juárez, de nuevo frente al dolor de perder más miembros de familias honrosas, por el "delito" de suplicar, pedir, resistir. Por decir ¡Basta!

Mis condolencias para Ciudad Juárez, para Chihuahua, para México... Mis auto condolencias, porque cada crimen como éste, me muerde un pedazo de corazón, me obnubila la razón y me arranca la esperanza. 

¿Qué es lo que desea ahora de nosotros señor Obama, que no les hayamos concedido ya?

¡Negocie con el Presidente Calderón!  ¡No nos ayuden, no nos compren un solo producto,  bloquéenos. Los mexicanos podemos pararnos de nuevo sin ayuda norteamericana...

Pare las macabras gestiones, a través de esta guerra absurdamente sucia, doble, desquiciante y muy injusta, con el falso nombre de "guerra contra el narcotráfico" que está perdiendo a nuestra niñez, matando a gente inicente  y exterminando a las buenas conciencias, de hombres y mujeres que amamos México.  Matándonos el espíritu. 

¡No más gente inocente desaparecida! ¡Queremos vivir y lo merecemos!



jueves, 24 de febrero de 2011

A golpe de azar


Germán es un hombre ¡Bueno, bueno! Con un actuar muy ético, que manifiesta en todos los ámbitos. Siempre presto a solidarizarse, con una condescendencia extra hacia los demás, quienes a menudo se han aprovechado de ello. 

Al concluir la Universidad, tuvo magníficas ofertas laborales, pues desde muy joven trabajó y estudió, acumulando una vasta experiencia. Ocupó varios puestos ejecutivos; hasta que hace 7 años, aceptó un puesto en un sitio enclavado en la Sierra Tarahumara, entre los límites de Chihuahua con Sinaloa. Accesible por avioneta, o mediante una travesía de 48 horas por tierra.

Le concedía la empresa venir a Chihuahua cada fin de semana. Sin embargo, por su alto sentido de responsabilidad, solo lo hacía una vez al mes. En una ocasión, que no hubo vuelos, por mal tiempo, decidió viajar por tierra. Asaltaron el autobús. Pero, superó el percance con facilidad.

Después, en otro viaje terrestre, les volvieron a asaltar y hubo varios muertos y heridos. A él lo golpearon y llegó a su casa en muy malas condiciones. Estuvo hospitalizado y con serios ataques de pánico, que le confinaban al encierro. Con el tiempo, superó la crisis y renunció a la empresa. Sin embargo, quedó muy sensible, sobresaltándose mucho,  ante situaciones imprevistas.

No consiguió empleo pronto, por su alto nivel curricular, porque superaba los 35 años y después de esa edad se dificulta bastante, encontrar nuevas contrataciones y porque no quiso correr más riesgos. Entonces, eligió por la docencia. Por sus cualidades, logró el cariño de sus alumnos, que se lo demuestran siempre.

En una preparatoria, pronto lo ascendieron a Director.  Hace una semana, se quedó solo revisando pendientes y al estar saliendo, a las 9 de la noche, escuchó a dos alumnas gritarle -¡Profe profe, no cierre! Llegaron corriendo, descalzas y en crisis. Las acababan de asaltar. De inmediato ingresaron los tres a la escuela. 

Los delincuentes las siguieron y a través de un enrejado introdujeron dos armas largas, profiriéndoles todo tipo de insultos y órdenes a Germán. El cubrió a las alumnas, quedando los tres recargados en el espacio, entre la escuadra que forman un muro angosto enseguida de la reja y el de un pasillo, que lleva a la entrada principal, sin posibilidad de desplazarse, pues solo en ese rincón quedaban fuera del alcance de las armas.  

Él, enfrentó a los malhechores casi cara a cara, tratando de disuadirlos, lo que no fue posible, pues se encontraban muy drogados. Entonces, llamó a la policía de su celular. Como es usual, la operadora de la Estación, le soltó una serie de preguntas inútiles y  absurdas, que sacan de quicio a cualquiera. Colgó y en un tercer intento logró solicitar ayuda.

Llegaron después de 15 minutos varias patrullas, con todo el preámbulo de sirenas, que  da oportunidad a la fuga de los asaltantes, quienes con toda holgura de tiempo, se fueron en el vehículo de una de las jovencitas.

Ellas en shock nervioso, no podían narrar lo sucedido. Ante lo que los policías permanecieron solo 2 minutos y se retiraron enojados, aduciendo que si no estaban dispuestas a colaborar, ellos no podían hacer nada y que no hicieran llamadas por estupideces.

Germán las estabilizó y llamó a sus familiares, para que fueran por ellas. Él regresó a su casa. No comentó nada a su familia, ni a nadie más.  

Al día siguiente, llegó a la primera escuela, algunos maestros quisieron bromear con él, como siempre. El marcó los límites de inmediato. A los alumnos que trataron de indisciplinarse, también de inmediato los reprendió.

Una semana después, al platicar con una amiga lo sucedido, es cuando se percata que había superado el miedo y su autoestima, que ya no estará dispuesto a ceder ante nadie, cuando él no lo desee, y que nunca antes se había sentido mejor. Expresó: “Soy una persona que merece existir”. A partir de eso, se convirtió en un hombre muy seguro de sí mismo.


martes, 22 de febrero de 2011

Hoy salimos al parque

 

¿Y qué gracia tiene eso? pensarás. Desde hace dos años, me da tanto miedo caminar por mi ciudad. A pesar de que adoro caminar y mi ciudad. La violencia en las calles, me quita esa libertad de salir despreocupadamente. Recuerdo, que podíamos caminar kilómetros y kilómetros, a cualquier hora, sin esa adrenalina.

Hoy, Guango, mi perro, estaba recién bañado y con muchas ganas de ser adulado, le dije: ¡Ora pues! ¡Vámonos a echar parque! Fuimos primero a un almacén de libros usados, que queda a dos cuadras del parque. Nos encontramos dos joyas, por 35 pesos los dos. Uno de ellos de Monterroso.

Al salir de allí, nos abordó un señor foráneo. Primero me sobresalté, pero al demostrarle Guango simpatía, me tranquilicé -¿Me puede decir como llegar al centro de la ciudad?- Le orienté.

–Gracias señora. Mmm… ¡Gracias!, repitió. Sonreí y le pregunté ¿Porqué tantas gracias? –Porque… ya son varias las personas que he tratado de abordar, pero han evitado que me acerque. Sienten miedo. Usted… al principio, sintió miedo cuando me vio, ¿no?

– ¿Cómo cree? Se ve una persona muy confiable. ¡Qué raro lo que me dice!, tratando de que no se diera cuenta de que le mentía. Luego, mejor le expliqué otra forma de llegar, para que  no tuviera necesidad de preguntar más.

Caminamos por el parque. Guango suele aparentar que tiene mucha condición física, y en vez de decirme “descansemos”, empieza a detenerse a oler rastros de palomas, hojitas, todo lo que encuentra. Decidí sentarnos en una banca ubicada a nuestro gusto; mitad sol, mitad sombra, debajo de un gran eucalipto. 

Encendí un cigarrillo, el eucalipto tosió, lo ignoré, saqué mi Monterroso. Guango desde la banca, les ladraba a todas las palomas que pasaban cerca. Las palomas chismorrearon un poco respecto a Guango, por su aspecto tan pulcro. Lo miré, me dijo: ¡Qué dicha Sara, como en los viejos tiempos! –Si, le contesté y lo abracé.

Primera página, 3 párrafos, miro hacia los lados, 1 párrafo, volteo hacia atrás, fumo, miro hacia enfrente, 4 hombres de aspecto dudoso en una banca, lejos. Segunda página, se acabó el prólogo, fumo, pienso en lo que leí. ¡Nada! ¡No sé! no lo procesé. Me regreso al principio.

Ya capté. Monterroso explica que ha escrito ensayos y cuentos largos, así como una novela, pero que, a los críticos les ha sido más cómodo leerlo a la carrera y dar la idea de que siempre escribe cosas de una línea como su cuento “El dinosaurio”. Pero que también le aterroriza que “la tontería acecha a cualquier autor después de cuatro páginas”.

Guango me comenta que los hombres se movieron de banca y que nos están mirando. Miro muy disimuladamente. Si nos miran. Paso al primer cuento. Alcanzo a ver que los hombres se vuelven a mover de banca, ya más cerca de nosotros. Guango se mueve molesto y gruñe. Guardo mi librito, tomo al perro en brazos y desertamos del parque, aprovechando el momento en que pasa una señora.

Al pararme, ella se sobresalta. –Disculpe señora, la asusté con mi manera de levantarme.  –Si, contestó, es que salgo con ¡Tanto miedo! –¡Tranquilícese! somos de fiar. –Si, comenta y nos reímos los tres.  -¡Qué lindo  perrito! Caminamos juntas hasta la salida del parque. Nos despedimos, cada una con su miedo encima... ¡Si llegamos a casa!