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sábado, 30 de julio de 2011

Comunidad


Si nos uniéramos a través de los ideales, como una sola entidad; los recursos y las energías obtenidas, serían suficientes para consumar hasta las tareas más pesadas, que hoy vemos imposibles.

En  legítima comunión, sin intereses egoístas; estructurando las diversas funciones, para organizarnos de verdad y alcanzar, meta por meta, con entusiasmo general.

Protegidos por la lealtad de la asociación, creadora de acuerdos. Sin demorarnos, hasta que sea más pesada la carga, o tener más desdichas que lamentar sector por sector, para empezar a creer en la comunidad, desde la nada hacia la que vamos.

Si sabemos que la comunidad derriba fortalezas**, y es capaz de fundir el metal más duro, con las palabras precisas, que nos ciñan a todos ¿Por qué no la fundamos ya? Es propicio confiar como si nunca hubiésemos sido defraudados… La desconfianza ya tuvo su turno.

Muy claros de que no es necesario dejar de ser personas, sino entender nuestra función en la comunidad, y a la vez: de la comunidad en la humanidad,  a partir del espacio que cada uno ocupamos.

Hasta lograr que humanidad y comunidad signifiquen en la práctica lo mismo. Y que sea igual de importante, lo que te beneficie a ti y lo que me beneficie a mí.

En vez de clasificarnos, serviríamos más, a partir de nuestras diferentes potencialidades raciales. Convertiríamos en ventajas, todas las condiciones que han sido desventajas o sustento para tanta maldad.

¡Todos viviríamos por y para vivir! Con la vida como nuestro principal tesoro y a la vez lo más simple, asequible y disfrutable… Derecho del que hoy tenemos entre todos, con nuestro silencio cómplice, negados a muchos millones de hermanos, a quienes confinamos a una eterna muerte en vida.

* Con lo que se invierte en un día para la producción de armas, comería toda la humanidad durante un año.
  ** Fuerte, muro, muralla.

viernes, 29 de julio de 2011

El Columpio

 
Por más que lo pienso, no encuentro una razón lo suficientemente fuerte, que impida, subirnos a un columpio, dejar que el viento se encargue de confirmarnos muy despacito, lo vivos y felices que somos.

Dejando a cada vuelta, arrebatarnos todos los pensamientos, que puedan  preocupar o hacer sentir mal... En la única tarea de balancearnos, igual que de niños, muy pendientes de no caer y de alcanzar la altura de los árboles más grandes y la velocidad de los pájaros, que al pasar ríen a carcajadas con nosotros. Su manera de decirnos lo felices que los hacemos al vernos así, allí, con ellos. 

Por más que lo pienso... No hay nada que pueda impedir que hoy seamos tan suavemente felices.   

martes, 26 de julio de 2011

La visa del señor Pérez



El empleado del consulado americano, le pide una serie de documentos que el hombre no lleva, para comprobar arraigo, solvencia, estabilidad, sabe Dios cuántas cosas más…

El hombre niega cada cosa que le solicitan, con indiferencia y sin ningún contacto visual con el empleado… hasta que logra hacerlo enojar:

–Y  ¿Cómo quiere usted arreglar su visa sin papeles? ¡Míreme, por lo menos, qué le hablo!

El hombre, imperturbable y mirándolo escasamente:

-Tiene mi pasaporte y la identificación oficial… mi cita de Internet y el comprobante de pago en el banco, ¡son los requisitos!, no sé para qué me pide ahora más documentos. Debieran especificar en su sección “re-qui-si-tos” que van a pedir hasta lo indecible.

-¿Para que desea viajar a Estados Unidos?

-¡Yo no quiero ni voy a viajar a Estados Unidos!… No me gusta Estados Unidos, no tengo el mínimo deseo de ir. Lo conozco casi completo… no hay una sola cosa que me guste. Nada admiro de su país.

-Entonces… ¿Para qué está renovando su visa  por 10 años?

-Por… Nomás… Porque somos vecinos, porque me queda cerca de mi casa el consulado y… No creo que tenga nada que explicarle a usted, ¿o si?  -El empleado se mantiene en silencio, esperando alguna explicación-

…-Bueno, porque deseo seguir teniendo el documento. Le pudiera decir: porque me da la gana, pero, pensaría que estoy siendo grosero y no... usted no tiene culpa de nada. En realidad no es en contra suya… Pero si... lo quiero arreglar porque me da la gana.

-¿Exquius mi?

-Nada, nada, ¡olvídelo!

-¿Trabaja?

-¡Si!

-¿Quiere emigrar a Estados Unidos?

-¡No! ¡Nunca! Ya le dije que no me gusta su país -Clava su mirada en la del empleado-

-¿Ni de vacaciones? –Sonriendo ya con dulzura el empleado-

-No, ni de vacaciones… ¡Hmm!… Por si alguna conexión o escala obligada, pero no, siempre hay forma de rodear.

-¡Oquei! –imprime la autorización, sella, firma y entrega-  –En un mes recibirá en su casa su visa láser, señor Pérez, por si cambia de opinión... Que tenga usted, un excelente día.
 
El hombre no contesta ni gracias, ni nada. Sale airoso, feliz de que alguien sepa, que alguien del otro lado del río Bravo, no viajará jamás a ese país, aunque pueda hacerlo.

Sabe que no puede convencer a nadie de que no viajen para allá, a dejar su juventud, su fuerza, su capacidad, su identidad, su dignidad, su salud y muchas veces su vida…

Cada vez está más convencido de que él no quiere ir. Lo que a nadie le importa, pero a él si le importa mucho poder decirlo. Cree que hace algo de justicia a su raza, con su desdén, aunque no sea así.