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viernes, 30 de septiembre de 2011

Él tiene de todo, José Feliciano


Para amar, para desamar
Para estar en la felicidad o en la tristeza
Con la mejor compañía o en la más preciosa o desdichada soledad, según cada quien lo conciba.
Con él, de todo se puede  hacer

José Montserrate Feliciano García,  por todos conocido como: José Feliciano. Gran cantautor nacido en Puerto Rico, especial, único, él no necesita ningún tipo de presentación. Ha producido más de 50 discos Hoy dejo este regalazo de entrada, con algunas de mis predilectas.

La última de esta pequeña lista,  Madrigal, no la encontré, es esa que dice:

"Estando contigo, me olvido de todo y de mí, parece que todo lo tengo, teniéndote a tí..." ¡Preciosa letra, música muy deliciosa!  Aquí están algunas en video:

Qué voy a hacer sin ti
Después de ti ¿qué? 
Por qué te tengo que olvidar
Samba pa' ti 
Tu me haces falta 
Te amaré 
Bueno... Acá la encontré con Cristian Castro:  Madrigal con Cristian Castro  pero, a mi me parece muchísimo más linda con Feliciano.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Tan sedienta




Quiero abrazarme a ti,  en un abrazo continuo.  

Trasmitirte en él, vida… aliento,
que  te vuelva fresc@, tiern@, niñ@.

Frescura - ternura - niñez,
que te purifiquen,
para que no te gastes más, inútilmente.

Que aprendas con mi calidez,
a no reaccionar, cuando te provoquen,
buscando ponerte al límite.

Que ames a todos los demás,
sembrando, apoyando, aumentando,
sin poseer ni dominar.

Quiero que seas tan feliz,
y que recorras todos los caminos,
que has creído privados y secretos.

Así: Ágil, libre, alegre,
por primera vez y que llegues a mí,
que te espero, tan sedienta de aprenderlo.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

¿Qué haríamos?



Si amaneciera todo el cielo claro, la tierra firme, las montañas altas, los ríos llenos, la naturaleza completa y viva:

¿Seríamos capaces de distinguir esa armonía?

¿Disfrutaríamos lo que es de todos, cuidándolo como si fuera propio, para cederlo mejor todavía, a los que vienen después?

¿Admiraríamos abiertamente, aquello cuya belleza lo merezca, con autenticidad y humildad?

¿Nos motivaríamos recíprocamente, para mantenernos muy elevados y juntos, confiados en las cualidades particulares,  al servicio de los demás?...

¿Qué haríamos, si se abriera una enorme puerta, que pudiéramos traspasar, hacia un jardín de concordia, belleza, amor y paz?

¿Seríamos capaces de sentir felicidad y atraparla para siempre?

¿Aptos para unir, mantener, fomentar… sanar?

Me gustaría, que ese jardín estuviera en una nube preciosa, desde donde pudiéramos ver caer, como si fueran confetis, todas las palabras torturantes que hoy más usamos, para definir algo con nombre de caos, que nos orilló a construir la escalera más larga, para  crear ese acto único, simbólico y liberador.

Ya disfruto de sólo imaginar esa gran asamblea, sobre la nube diferente, a todas las que hemos subido antes, jajaja, donde sería el encuentro, con todos nuestros amores nuevos.

“Amores nuevos”, porque empezaríamos a amar, como nunca antes hemos amado. Sería el  verbo esencial, de nuestra existencia, emanado de la expansión de nuestra conciencia. Manantial inagotable, que sacie de verdad nuestra sed histórica.

Ahora si, podríamos amar a “ojo cerrado”, sin fraudes, ni mentiras, porque al momento de empezar a considerar la duda, esas palabras ya van cayendo: inservibles, apocadas, con todos sus lastres intrínsecos.

Resbalando, entre los dedos de todos los ejecutantes, hacia el vacío, hacia la nada, muy suavecito, muy quedo, sin ningún tipo de violencia, para que desaparezcan definitivamente.

Con gran reverencia, daríamos las gracias a cada desgracia, injusticia, desigualdad, complejo, trauma, defecto… porque fue lo que nos llevó hasta allí.

Al final, derramaríamos, todos los sentimientos de culpa, porque el nuevo comienzo, exige el olvido.

¡Sí! Nos quedaríamos con menos de la mitad de las palabras y las manos vacías, limpias y dispuestas a ser llenadas de nuevo, desde la divinidad que cada quien conciba; para acariciar, sostener, dar, cuidar, sembrar, infinitos e integrantes de toda esa infinitud…