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martes, 28 de febrero de 2012

Los papalotes


Los papalotes
cuando juegan
vuelan, ondulan,
vienen y van.

Con gritos y risas
nos dicen gustosos
el mundo que miran
desde allá.

Como ellos,
buscamos otro lugar,
volamos, andamos
y piruetas hacemos.

En el aire, en el cielo,
o cerrando los ojos,
es todo tan pequeño,
desde esa inmensidad.    

Los papalotes 
ríen, gozan, 
vienen y van,
libres... siempre libres.
*Imagen tomada de: aldeadelasletras.blogspot.com

Chuchupate


Raíz que tiene varias aplicaciones, que recomiendo para curar las infecciones de garganta. Crece por esta zona: Chihuahua, Sonora y Baja California, en México, aunque se conoce en  todas las partes donde se utilice la herbolaria. 

Forma de administrarse:

Se hierve una taza con aproximadamente unos 30 gramos de la planta durante unos 5 minutos a fuego alto. Se deja enfriar un poco. Todavía tibia, se hacen gárgaras con el líquido, se escupe y listo, la infección queda eliminada y de inmediato cesa el dolor. De preferencia utilícese en cuanto se tengan los primeros síntomas.

Se sigue utilizando igual durante unas 5 o 6 ocasiones más, de la misma forma, con un espacio de 3 o 4 horas entre aplicaciones. También se puede tomar en infusión para resfríos, pero en caso de solo infección de garganta, en enjuagues es mejor, además de que es muy amarga. Realmente es buenísima y nos evita el uso de antibióticos, que tanto bajan nuestras defensas, entre otros efectos secundarios. ¡La recomiendo ampliamente! yo la uso.

sábado, 25 de febrero de 2012

Cómo son los recuerdos...

 

Los pasajes del pasado, se quedaron grabados en nuestra memoria, enmarcados en los sitios, con  aromas, colores, texturas, dimensiones. Las casas: nuestra y de nuestros amigos, las calles, edificios, establecimientos, tiendas; cines, parques, los rostros de la gente, con sus gestos, las formas de caminar de expresarse, las voces. Las palabras, muchas de ellas que ya ni siquiera usamos.

Donde nos reuníamos toda la palomilla, de niños, en las tardes... el olor y la apariencia del barrio en tiempos de lluvia, tan diferente al invierno. Y cada estación traía su propio aroma agregado, muy diferente. Donde nos pillaron haciendo cada travesura. O de lo que hicimos nuestra guarida, cuando nos peleamos con todo mundo, o porque nos regañaron y queríamos llorar en privado, o simplemente holgazanear plácidamente, viendo las horas caer con desparpajo una tras otra.

Todas esas cosas que quedaron atrás, que recordamos sin poder evitar sonreír, permanecen impregnadas con gran parte de nuestra esencia, cada elemento que conformaba aquel entorno, que muchos de nosotros quizá no volvimos a ver, ni a pisar, ni a frecuentar, porque nos mudamos, porque el destino es así.

¿Cómo son los recuerdos de quienes han vivido siempre en el mismo sitio?

Podrán compararse con la espectacularidad de los recuerdos de quienes se fueron, pues los que estuvieron presentes, cuando derribaron aquel árbol preferido y tan confidente; cuando construyeron en el terreno donde jugábamos fut, cuando derribaron la casona de los espantos, en la que tocábamos y corríamos para no escuchar las amenazas de don Heliodoro, que nos aborrecía. 

La casa de la esquina, en cuya barda al ejecutar un doble giro hacia atrás, alguien se fracturó un brazo, jugando a las Olimpiadas. En la misma casa, donde nacían hongos, para que los duendes se agazaparan y que  tanto espantaban a las abejas, a los insectos más pequeños y de paso a nosotros... 

Qué sucede con los recuerdos de quienes se quedaron y presenciaron cada uno de los cambios, ¿acaso se les habrá fugado con las demoliciones o quedado atrapada entre los muros de las nuevas edificaciones, la fantasía de los episodios, que el alejamiento conserva magnificados?