Traductor :

domingo, 8 de abril de 2018

¡Los garbanzos!

Receta: En una cacerola cualquiera, sofríes en aceite de oliva, chile verde picado, ajo y cebolla, al gusto.  Agregas 100 grs. de garbanzos lavados y remojados, sal y agua solo a cubrirlos, a fuego alto. Al empezar a hervir, bajas el fuego al mínimo y te vas, porque tardarán bastante, si no los cocinas en olla de presión.

Pasado un tiempo, cuando notes que a "alguien cercano" se le ha quemado su comida, lo perdonas, porque "todos puede tener un descuido."

A las cuarenta, cuando un olor intenso a picante quemado llegué a ti, exclamas ¡Los garbanzos! Corres a su encuentro y se están chamuscando.

Agregas agua varias veces, porque seguirán duros. Se pinta color negro carbón. Rectificas la sal.

A otras cuarenta horas, siguen sin ablandarse del todo, pero ya ni modo. Los escurres, el caldo no podrás usarlo, es amargo. Los mueles lo más que se dejan, que no es mucho. Y optas por sobrecondimentar al estilo hummus, esa pasta rústica, para disimular el sobreahumamiento que con todo lo que agregues, seguirá siempre presente.

*También, puedes ahorrarte todos los pasos de mi receta y cocerlos en olla de presión o como sepas. Con toda seguridad de que a ti si te quedarán exquisitos.


sábado, 31 de marzo de 2018

Educación, fábrica de mentiras

Nunca voy a entender, por qué decimos que no nos gusta que nos mientan.

Si desde niños nos enseñan a mentir. Pues se nos regaña, reprende, castiga, al ser sinceros.

Ejemplos:

A mí me fue muy mal, cuando le dije a un tío que parecía espantapájaros. Y lo parecía, ¡créanme!

O cuando a aquella amiga de mamá, bruja, con aquel horrendo atuendo.  Si solo la escoba le faltaba para serlo.

¡Uf! ¡No saben, cuando pedí más pastel en aquel cumpleaños! Me obligaron a decir siempre que no quería más de lo que fuera en casas ajenas, así lo deseara en el alma.

La educación, las buenas maneras,  son un cúmulo de falsedades, mentiras. Es la fábrica de hipocresía... que supuestamente reprobamos.

Nunca voy a entender por qué nos desagrada que nos mientan, si nos desagrada más la sinceridad.

Porque de inicio, nos mentimos sobre nosotros constantemente. Muy pocos aceptamos nuestros defectos. Muy pocos hacemos algo por corregirlos, aunque nos disguste e incomode tenerlos.
Nos exigiría mucha voluntad y compromiso, "¡uf! Qué flojera. Ya no estoy para eso."

Hay que responder a las preguntas, lo que deseen escuchar, para ser educados y considerados, o sea: mentirosos, hipócritas. Porque la persona que nos pregunta,  desea reafirmarse y no precisamente saber la verdad... la sabe.

Incluso si preguntara. Una respuesta sincera adversa, nunca será bien recibida. La soberbia la llevamos por delante. ¿Tú quién te crees para decirme lo que sé de mí, aunque me moleste ser así?

Y regla de oro del buen convivir. Jamás se nos ocurra opinar sobre lo que no se nos ha preguntado, ni por "su bien." Eso siempre se tomará como mala intención, ofensa, envidia, mala leche, ignorancia, falta de comprensión o de solidaridad.

¿Recuerdas alguna verdad que dijiste por la que te reprendieron de niño?

jueves, 29 de marzo de 2018

Enseñando monedas

Con niños de primer grado, la profesora cuando está  enseñando monedas y billetes...

Saca un billete de 20 pesos y pregunta a los niños si han visto al personaje en otra parte, que si saben quién es.


- ¡Sí!, ¡Mi mamá tiene un cuadro de él en la casa! Está con la Virgen de Guadalupe... un poco más joven, dice un niño muy contundente y contento de saber.

... Extrañada la maestra de que haya quien tenga la imagen del personaje histórico Benito Juárez, en pared de su casa, le pregunta a la mamá, si es verdad.

- ¿Que qué? No. Lo que tenemos es una imagen de San Juan Diego con la Virgen.