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martes, 26 de octubre de 2010

¿Sí, Acepto?


Sobre la iglesia, adecuaciones y clientela.

Aciagos los tiempos y todavía abundan valientes. Asistí a una misa de boda. Era tanta gente en la puerta principal, que creí haber llegado tarde. Pero, se trataba de una boda previa.

Al rato llegó la novia por la que asistí. Como en los aeropuertos, tuvo que esperar a que le autorizaran el uso de pista. Salió el sacerdote a agilizar el tráfico.

Entre apretujones y contra corriente, logramos entrar los de la segunda boda y encontrar un espacio disponible.

El sacerdote, alternó participantes, unos para cantar, otros para leer. Luego en el sermón, se apoderó del escenario, como el mejor conferenciante de superación personal, desplazándose de lado a lado, con altos y bajos de voz, en una dicción impecable. Ante el éxito rotundo de las sectas al estilo del “Pare de Sufrir”, se han puesto la pila los católicos, logrando unas misas muy interactivas y con repertorio muy variado.

Hizo mucho énfasis en los pros y sobre todo de los contras del matrimonio, del compromiso que estaban por contraer ante cientos de testigos presentes. Esperábamos que terminara diciendo: “Si así no lo hicieren, que la sociedad os lo demande”

Muchos, en el lugar de los novios, hubiéramos dicho: “Se lo agradezco padre, pero no”, como la canción de Alejandro Sanz, no le entro ¡Ahí nos vemos! Y a desaparecer como en las películas rosas gringas.

Pero los novios, todavía bajo el influjo de la miel de la pasión, con entusiasmo y firmeza pronunciaron ¡Si, Acepto! Ante lo que el padre pidió aplausos. Luego, cedió el micrófono a cada novio para que se expresaran sus votos de aguante vitalicio… Más aplausos.

Hizo que los padres de la novia abrazaran al novio y viceversa, para que ya empiecen a  querer al nuevo hijo(a).

Ordenó que todos nos tomáramos de las manos, para pronunciar el Padre Nuestro, entre cantado y rezado y los respectivos abrazos de “La Paz del Señor”. Nada agradable, estrechar a los vecinos con quienes escasos minutos antes, habíamos peleado por los asientos y todavía nos quedaba corajito.

Mencionó a los difuntos que se conmemoraban, como un “liner” rapidísimo. Pasaron a recolectar las limosnas. Allí eché un vistazo a la concurrencia e hice cuentas más o menos de unos 300 asistentes, a razón de 5 pesos, $1 500.00, sin considerar que muchos sacan sus billetes, muy seguros de ganar su pase directo al cielo, con ese acto de generosidad.

 Invitó a sacerdotes, religiosos, religiosas, voluntarios o quien quisiera, para compartir con ellos la repartición de hostias.

Pero nos desmotivó cuando leyó una carta del Arzobispo, en la que han decretado cobrar el diezmo, “porque la iglesia católica anda en crisis económica ¿?”. La bendición y más aplausos para los novios. Aplaudimos sin tanto gusto como al principio.

Los sacerdotes están esmerándose en retener a sus adeptos, con un dinamismo inusual, usando un lenguaje más común, detalles sorpresivos, con formas y actitudes más abiertas. Adecuaciones con las que los más distraídos nos perdemos, y por ratos no sabemos si estamos en un concierto del cantante de moda, en mitin político o qué cosa. 

Sin embargo:

¿Qué diezmos puede proporcionar la masa cada vez mayor de desempleados?

¿No les  bastan los recursos obtenidos por limosnas, retiros, conferencias, convenciones, colegios, donativos, colectas, cuotas, etc.? Si sólo con las limosnas de boditas recaudan más de 100 mil pesos al mes, sin deducción de impuestos, no considerando los ingresos por misas de velorios, a diario.

A propósito, la Iglesia Católica anuncia su Congreso del 12 al 14 de noviembre en Guadalajara, para “La Cura de la Homosexualidad”, en Guadalajara, con el terapeuta Richard Cohen, por la cuota módica de recuperación de 850 pesos.

¿De que se trata, de regresar a los homosexuales al closet, justo cuando están logrando la justicia por la que han luchado durante siglos, a costa de vejaciones y hasta la vida de sus líderes y defensores? ¡Patrañas! Los científicos aseguran que la homosexualidad es irreversible, porque es una elección independiente de quienes así deseen ser, o así hayan nacido, no es una enfermedad.

¿No son los señores dueños de la iglesia quienes debieran regenerarse primero, para  cumplir con sus obligaciones ante la sociedad, tan ávida de fe, de ayuda y de modelos a seguir? Una institución, con la moral hecha trizas por los casos de pederastia y pornografía infantil, sin resolver aún y que mientras más tiempo pasa, más casos brotan, en los que se sabe que hasta el Santo Padre tiene su parte de complicidad, desde que el frenó los investigaciones sobre el caso Maciel, por no perjudicar el prestigio de la iglesia.

¿Qué nos están dando a cambio de lo que cobran?

¿Por qué no se les ve en la calle ayudando a la sociedad? Siendo que ¡Urge un ejército de misioneros comprometidos, que nos ayuden a afrontar la realidad! Si no como los grandes benefactores, con su esmerada preparación académica, por lo menos fungiendo como psicólogos, en escuelas, parques, centros comunitarios, hospitales, hogares…

¿Quién puede decir? ¡Sí, Acepto! a lo que está solicitando la iglesia católica.

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