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viernes, 20 de agosto de 2010

Los Hijos de la Abuela

Antaño, ser criados por la abuela, era una garantía de buena educación: modales adecuados, cultura, valores. Hoy la abuela no siempre llega a ser esa institución educativa y formativa tan respetable. 

Resulta que los jóvenes se están tomando demasiado a la ligera el matrimonio. Con toda la gama existente de métodos anticonceptivos, no se protegen y todavía en muchos casos, se casan por motivos de embarazo, lo que ya no debería suceder.

Al poco tiempo se divorcian. Sus hijos les estorban, porque desean seguir siendo libres, retoman todas las actividades que interrumpieron el día que irresponsablemente ni siquiera se dieron cuenta de que  engendrarían a un nuevo ser. 

Entonces, depositan a sus hijos en manos de su madre, o sea en la abuela de los niños. Quienes los aceptan.

Estas abuelas, experimentan sentimientos encontrados, por un lado se sienten fastidiadas por su incapacidad de no haber sabido criar hijos maduros y abren una guerra subterránea en contra de ellos, a través de los niños, ganando su predilección, con una exagerada permisividad. Lo logran y los niños ya no desean la compañía de sus verdaderos padres, porque la pasan mejor con la abuela.

Los padres, por comodidad se desentienden para gozar de su juventud y sólo cuando se les antoja ser padres, con lujo de violencia verbal y física si es preciso recuperan a sus hijos, dejando a la abuela en un mar de llanto, por ser despojadas.

Pero, muy pronto se los regresan. Las abuelas, encantadas los vuelven a recibir. Sienten que rejuvenecen con ellos, llegan a creer que ellas son sus verdaderas madres. Pero, ya sin la energía de cuando tuvieron la edad de ser madres, los niños les toman el número muy pronto y las abuelas bailan al son que les tocan.

Por otra parte, muchas de esas abuelas, tratan de llenar sus vacíos con la compañía de esos niños y satisfacen sus necesidades afectivas, pero no las de ellos. Por lo que los someten a sus rutinas, a sus pláticas, a sus fracasos. A veces, hasta intrigan con los niños en contra de sus verdaderos padres, logrando confundirlos en grado extremo.

Los pleitos entre abuela y padres por la forma de educarlos es interminable y por supuesto los niños siempre están presentes. Ellos a nadie obedecen, conscientes de que son la manzana de la discordia y se hacen maestros del chantaje y de la manipulación, porque se van para donde más les conviene.

Se les castiga y se les premia de acuerdo a los estados de ánimo de los adultos, más no cuando los niños lo ameritan, así que esos pequeños se van haciendo ingobernables, dominando a todos los miembros de la casa y cuando quieren gobernar a la sociedad, muchos terminan en la cárcel, en los centros de rehabilitación, etc. 

Resultado evitable si las madres, cuando fue su turno, hubieran educado a sus hijos, para cuando estos, ya maduros contrajeran sus propias responsabilidades, ellas les dijeran con todo el amor existente: 

¡Felicidades hijo(a), ya creciste, ya serás padre o madre, independiente, con tu propia casa, tu familia, tus logros y tus problemas. 

En esta casa, la de tus padres siempre serás bienvenido(a) cuando desees visitar...Punto.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Adopción de Niños por Parejas Homosexuales, "Niños del Arcoiris"

Hoy visité a una familia, permanecí tres horas en un hogar mexicano, chihuahuense, como hay muchos, con una estructura tradicional. O sea, el hombre trabaja, la mujer permanece en la casa. Tienen tres hijos muy espaciados: Uno adulto, una adolescente y un niño de 8 años.

El hijo adulto, con un matrimonio y divorcio express, al estilo actual, con un hijo de 6 años, que vive a ratos con la madre a ratos con el padre, más bien con la abuela. Pues el hijo al divorciarse, se reinstaló en la casa de los padres.

Sólo el padre trabaja fuera de casa, gana bien. La madre emplea todo el día en la administración de la casa y de las vidas de todos. Entre los quehaceres domésticos y los requerimientos de sus dependientes, ocupa toda su vida a ser esposa, madre y abuela.

Comimos los siete juntos, algo muy elaborado, en una mesa redonda, en la que no faltó de nada, me refiero a la disposición de la mesa, los platillos y demás. La madre fue la última en sentarse, con bastante cansancio dibujado en su rostro.

No hubo charla, más allá de acércame la salsa, ¿quieres más limón?, bla, bla.

En cuanto terminamos de comer, el hijo mayor le pidió a su madre dinero para ir a distraerse al casino, se despidió muy fríamente, después de despotricar un poco hacia el Partido Acción Nacional, a quien el culpó de la falta de empleo, corrupción y la guerra hacia el narco.

La adolescente solo salió de su habitación, para preparar agua fresca, sin hablar y en cuanto terminó de comer se regresó al mismo sitio.

Los niños durante las tres horas, sólo se distrajeron de un juego electrónico (el de 6 años) y de la computadora el de 8 años, durante la comida. Entre el trajín de preparar los alimentos, servir, recoger, sacar ropa de la lavadora, tenderla, guardar otra, atender a 3 perros y dos tortugas, la madre me dió la holgura de acercarme a los niños. No, corrijo, de que ellos se acercaran a mí...

El de 8 años, susurrándome al oído, me invitó a ver un video del reciente allanamiento del poblado de Creel, por parte de un comando de sicarios. (Un lugar que está enclavado en la Sierra Tarahumara y que fuera paradisíaco hasta hace poco tiempo).

Tuve que hacer grandes esfuerzos  para no llorar, al ver los intereses de ese pequeñito... Se me ocurrió, después del primer jalón de coca de uno de los protagonistas del video, decirle que me gustaba más ver a "Pocoyó" y como pude, tecleé en YouTube el capítulo en que "Lula", la amiga perrita de Pocoyó no se quería bañar. 

Se asombró mucho el niño al saber que me gusta Pocoyó. -Si, le dije, me gusta mucho más. Lo dejé viendo Pocoyó y me dirigí con su madre, para comentarle lo que ven los niños. -Si, rió, ellos saben más que yo, ellos me enseñan...

Mi impotencia la enjuagué en el fregadero... Me ofrecí a lavar los trastos, en silencio, muy triste. Ella limpió estufa, mesa, etc. En cuanto terminamos, me salí al jardín a fumarme uno, dos, tres cigarrillos, hasta que el niño me siguió para decirme: ¿otro cigarro Sara?, te va a hacer daño. Lo apagué, -Tienes razón, es malo fumar. Nunca vayas a hacerlo. Yo ya no voy a fumar y dime, ¿Tu verás mejor a Pocoyó? -Mmm... dudó.

En cuanto pude, salí de la casa. Me fuí fría, distante, confundida, muy muy consternada.

¿Cómo sería la crianza y educación de los hijos adoptivos de parejas homosexuales? ¿Con mucho amor? ¿Con comunicación y vigilancia adecuada? ¿Con valores? ¿Qué les hace más daño, la violencia, la criminalidad... o el amor? ¿Cuáles pueden ser mejores hogares para los niños huérfanos? ¿Cuántos han sido criados en hogares de homosexuales de closet, o de bisexuales, sin saberlo, o sabiéndolo después?

Piénsale y dímelo, porque yo todavía no logro saber lo que es más justo y adecuado en este tema. Tengo amigos(as) heterosexuales, homosexuales, conservadores, liberales y libertinos, del norte, del sur, de la izquierda, de la derecha y del centro, cristianos, ateos, católicos... A todos los quiero y entiendo sus reacciones hacia el particular según cada una de sus posiciones, desde que se sometió a aprobación la ley de adopción.

Estoy contra la pared, con muchas espadas de veneno clavadas en el pecho que me asfixian.

Ellos, los niños, ¿qué desearán más?

Revisa, los dos enlaces al pie de página: