Hay existencias más ligeras
en una ráfaga de viento...
Casi invisibles,
que pasan sin hacer más ruido,
que el suspiro
que escapa,
de quien percibe su presencia,
en el instante en que llega al cielo,
convertida en estrellita,
para residir
en el inmenso lienzo superior,
y quizá
comprender desde allá,
la insignificancia del mundo,
ya con más amor
del
que fue destinatario,
por su atípica pureza
y su ojos de niño...
*Israel: ¡Sé feliz allá!
Sin nombre es, que los niños sufran y partan.
Sin nombre es, que los niños sufran y partan.
