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viernes, 6 de agosto de 2010

Somos La Transparencia

Muchas cosas no nos agradan y nos desanimamos. Quisiéramos un mundo más limpio, franco, libre, seguro ¿Qué estamos haciendo para lograrlo?

Es el momento de actuar, para alcanzar nuestras metas. Sin duda ante las desgracias cotidianas, nos vemos envueltos en la apatía, descorazonados y con los objetivos diluidos.

Precisamente cuando la adversidad parece vencernos, es cuando debemos probar el barro del que estamos hechos. Los mexicanos somos muy creativos, optimistas, guerreros. No permitamos hundirnos en la desazón.

Cierto que cuando no fluyen las cosas como quisiéramos, nos sentimos oprimidos, con un alto grado de impotencia. Habría que revisar, qué tanto ha sido responsabilidad nuestra lo que estamos viviendo.

La sociedad fuimos dañándola entre todos. Por comodidad, hemos asumido la corrupción y nos hemos constituido en integrantes de esa corrupción. Es más fácil para cualquiera señalar a otros, antes de generar las buenas acciones.

Cuando se disfrutan estados de prosperidad, pocos son los que se atreven a mirar a los que no cuentan con ese bienestar. Justificamos con un “qué desgastante ayudar a las causas perdidas”, ¿qué sacamos en contraparte?

Tal vez no recibamos nada a cambio, tal vez muchas veces nos estrellemos contra muros de concreto. Pero… si en el empeño, podamos rescatar a una persona. Esa única persona, es razón suficiente para enfocar gran parte de nuestros esfuerzos, aunque no nos lo agradezca después.

Si cada uno apoyáramos a una persona, nos ceñiríamos en un círculo de amor tan fuerte, que derrumbaría cualquier obstáculo o penuria.

Me causa una profunda tristeza, escuchar de muchos mexicanos, repudio hacia Felipe Calderón, por las incalculables cifras de personas muertas en esta lucha propiciada por la delincuencia organizada. ¡No por él!

Que piensen que acabar con algo tan incrustado a todos los niveles en nuestra sociedad, pueda ser de remedio inmediato y responsabilidad sólo del Presidente, sin que nadie movamos un dedo.

Le echan en cara que prometió una serie de metas, que no se han cumplido. ¿Necesitamos estar tan ciegos para no darnos cuenta que precisamente por la delincuencia, no pueden lograrse?

No se puede avanzar, mientras la porquería esté brotando por todas partes; primero hay que atacar el problema y ya después, podremos avocarnos a lo que sigue o continuar lo que nos habíamos propuesto.

¿Qué empleos pueden generarse en el estado en el que estamos? No hay empresario decente que no esté siendo amenazado o extorsionado. No hay región agrícola que no esté sitiada también, no hay medio informativo decente que no se vea amenazado a cada segundo. No hay familia que no esté amedrentada por la inseguridad.

Hay que regresar al origen de la sociedad mexicana, a esa que nos hizo tan grandes, por la confraternidad, sensibilidad, humanidad y ganas de luchar, no solo por nosotros, sino por los demás.

Luchemos, auxiliemos a la autoridad. Con la cautela que requiera la encomienda, vivamos con todos nuestros sentidos activos, al máximo… ¡Hay que denunciar!

No corramos la cortina hacia lo que vemos que está mal. Existen muchas formas de denunciar en forma anónima. No consintamos que siga turbio lo que es transparente si asumimos nuestro papel. La denuncia y la solidaridad serán las dos palabras que nos puedan salvar.

Sumarnos a los esfuerzos del Presidente, para dejar de ser una sociedad desorganizada, que ha consentido con el silencio, la evasión, la ceguera, que esto se fuera pudriendo, hasta que reventó. Usemos la transparencia que pusieron en nuestras manos hace unos cuantos años, precisamente para nuestro beneficio. Con la tecnología ya todo es posible, úsala.
¡No te quedes callado! Si te enteras, hazlo público ¡denuncia! Aunque no sea tu asunto, educa a tus hijos en la cultura de la ayuda mutua, tal vez hoy sea por una tercera persona, mañana puede ser por ti.

Volveremos a ver la luz, si nos hacemos acreedores con nuestra actitud y buena voluntad, a las bendiciones que perdimos. Heredemos un mañana a los que vienen atrás, despojándonos del egoísmo en que vivimos, que nos impide ver más allá de nuestro beneficio personal.

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