A la muñeca
le explotó
su mayor ilusión
y en vez de que
le reventara
el corazón,
se le filtró
a las venas.
No hubo sangre,
no hubo sollozos,
como pasa en esas
situaciones,
Pero fue asfixiante
a morir.
La ilusión salió
de sus ojos heridos,
como un río de plata,
que resaltó más
con su brillantez,
el color barro
de sus mejillas.
--¡Hum!, respira
ese olor a tierra
recién mojada--
Con su llanto
y el aspecto
en su cutis iluminado
fue el fenómeno
que guió, a quienes
en la noche más negra
de todos los tiempos,
la vieron.
Era la muñeca más linda,
más feliz, más sincera
y más fiel a sus convicciones,
por eso, se le murió
la ilusión. (... en verdad,
se la mataron).
El reloj, al verla,
sintió la misma pena
irrefrenable
y echó al vertedero
todas sus horas,
minutos y segundos.
Luego,
paró para siempre.
El tiempo deja de avanzar cuando sentimos la rotura del alma. Duele leerlo pero despierta el subconsciente. Un abrazo
ResponderBorrarEster!!! Dichosa de verte de regreso. Te fue el primer abrazo de 2026, cargado de cariño y buenos deseos.
Borrar¡Gracias! Tu comentario es un premio.
Una muñeca rota, un abrazote Sara.
ResponderBorrarLa muñeca siguió. Le rompieron a balazos su gusto por la vida.
BorrarBesos.
Magnífico poema, Sara. Algo tremendo ocurre cuando le explota a uno la mayor ilusión.
ResponderBorrarIgual que el reloj, mi alma siente una pena irrefrenable.
Un abrazo.
Se para el tiempo al ver algo horroroso.
BorrarUn fuerte abrazo.
Hasta el tiempo deserta ante una barbaridad.
ResponderBorrarBesos, Sara!
El tiempo se muere cuando vemos algo que rebasa nuestra capacidad de asimilación de lo terrible.
BorrarNo puedo con tanta pena, Alfred.
Besos.
Impresionante, Sara. Qué terrible tuvo que ser que hasta el tiempo se paró. Me ha llegado al alma por lo real que se siente.
ResponderBorrarUn abrazo.
Esa muñeca rota,.. ¡que triste y qué descriptivo!
ResponderBorrarUn abrazo, Sara.
¡Feliz día!.