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miércoles, 3 de noviembre de 2010

La Casa de Las Flores, en Chiapas.

San Cristóbal de las Casas, Chiapas. México


Claudia Castro es una mujer muy rebelde, de esas excepciones encarnadas que no pueden aceptar los “ni modo”, “así es la vida”, ¿qué se puede hacer? Expresiones tan comunes para esconder la mediocridad, la cobardía y la parálisis, ante la desventura de nuestros pueblos, con nombre de miseria.

Esa circunstancia que deriva, todas las versiones de marginación, discriminación, intemperie, hambre, analfabetismo, ignorancia y maltrato, para someter y vapulear a los seres más vulnerables de nuestro México amado: Las mujeres y los niños.

Es difícil aceptar que detrás de un país tan hermoso, se escondan los crímenes más inaceptables, por la carencia de ética de los responsables de la aplicación de las leyes,  haciéndolas invisibles… Inexistentes. Como esas mujeres y niños, rechazados y despreciados.

Claudia, se encuentra en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, entregando toda la energía de su juventud, a decenas de niños de la calle. Les ha prestado su hombro, su potencial y su alma, para que encuentren razones válidas con que aferrarse al mundo, que les ha negado alternativas desde su nacimiento.

“La Casa de las Flores” es el nombre que los mismos niños escogieron, para bautizar las paredes que los amparan, cada vez que lo necesitan. Es una casa abierta siempre para ellos. El oasis creado por Claudia, donde pueden ser niños que ríen, vibrando alto; para soñar con hadas y duendes. Donde crean castillos y construyen mañanas.

Es el sitio que acondicionaron entre todos, con más ímpetu que recursos materiales, para establecer su fortaleza impenetrable. La Casa que cierra el paso a pederastas, puchadores, chulos, padrastros, explotadores y demás representantes del corporativo del infierno, que los acechan y laceran siempre que los alcanzan.

Allí… Con travesuras, bromas o maromas, planchan las arrugas de sus almas y cicatrizan corporal y psicológicamente. El juego, el estudio, la aprobación y el amor incondicional de Claudia, les está dotando de las armas pacíficas, con las que ellos dicen “No” cada vez con más contundencia, aprendiendo en paralelo a vivir.

Sustituyen con ella a la “madre calle”, que era la única que conocían, antes de traspasar la puerta de ese remanso, hacia donde los arrojó su naufragio y su deseo oculto de salvarse. Tan felices como ellos mismos puedan aprender a hacerlo, con la madurez posible, de quienes les fue extirpada su niñez, en sesiones continuas de vejaciones.

Niñas que son madres prematuramente, Niños Trabajando en vez de  jugar

No estamos perdidos, existen Claudia Castro, Lydia Cacho… Como existió Digna Ochoa y muchas mujeres mexicanas que son madres con mayúsculas, porque pueden dar a hijos ajenos, el amor que ellos no tuvieron en sus familias consanguíneas.  Forjando los hombres y mujeres del mañana, que serán los que arreglen el desbarajuste obtenido, por tantos errores y omisiones de las autoridades y de la sociedad.

Lo comparto con tal entusiasmo, porque me enorgullece sobremanera saber que Claudia es de Chihuahua y, que su conciencia no le permitió disfrutar egoístamente de la zona paradisíaca que escogió para vivir sin ver y sin actuar. Ella contrajo un compromiso enorme, con el que se está ganando trocitos de cielo, cada vez que llora en soledad, para reciclar las emociones que le causa la injusticia, de cada caso que enfrenta con los niños que la buscan.

El link de La Casa de las Flores es: http://casadelasfloreschiapas.blogspot.com

Y, si no lo mantiene actualizado es porque está muy ocupada con los niños, que parece que le llueven a diario. Pero, si desean ayudar a su causa, escríbanle un comentario, para que la contacten. Siempre hacen falta muchas cosas para esos niños, que están aprendiendo con ella el significado de la palabra respeto ¡Aporten! Que sepa Claudia que no está sola y que todavía existen personas solidarias, dispuestas a contribuir con  obras como la que ella realiza. Ayudémosla a  impedir que esas flores se marchiten por la indiferencia.

martes, 26 de octubre de 2010

¿Sí, Acepto?


Sobre la iglesia, adecuaciones y clientela.

Aciagos los tiempos y todavía abundan valientes. Asistí a una misa de boda. Era tanta gente en la puerta principal, que creí haber llegado tarde. Pero, se trataba de una boda previa.

Al rato llegó la novia por la que asistí. Como en los aeropuertos, tuvo que esperar a que le autorizaran el uso de pista. Salió el sacerdote a agilizar el tráfico.

Entre apretujones y contra corriente, logramos entrar los de la segunda boda y encontrar un espacio disponible.

El sacerdote, alternó participantes, unos para cantar, otros para leer. Luego en el sermón, se apoderó del escenario, como el mejor conferenciante de superación personal, desplazándose de lado a lado, con altos y bajos de voz, en una dicción impecable. Ante el éxito rotundo de las sectas al estilo del “Pare de Sufrir”, se han puesto la pila los católicos, logrando unas misas muy interactivas y con repertorio muy variado.

Hizo mucho énfasis en los pros y sobre todo de los contras del matrimonio, del compromiso que estaban por contraer ante cientos de testigos presentes. Esperábamos que terminara diciendo: “Si así no lo hicieren, que la sociedad os lo demande”

Muchos, en el lugar de los novios, hubiéramos dicho: “Se lo agradezco padre, pero no”, como la canción de Alejandro Sanz, no le entro ¡Ahí nos vemos! Y a desaparecer como en las películas rosas gringas.

Pero los novios, todavía bajo el influjo de la miel de la pasión, con entusiasmo y firmeza pronunciaron ¡Si, Acepto! Ante lo que el padre pidió aplausos. Luego, cedió el micrófono a cada novio para que se expresaran sus votos de aguante vitalicio… Más aplausos.

Hizo que los padres de la novia abrazaran al novio y viceversa, para que ya empiecen a  querer al nuevo hijo(a).

Ordenó que todos nos tomáramos de las manos, para pronunciar el Padre Nuestro, entre cantado y rezado y los respectivos abrazos de “La Paz del Señor”. Nada agradable, estrechar a los vecinos con quienes escasos minutos antes, habíamos peleado por los asientos y todavía nos quedaba corajito.

Mencionó a los difuntos que se conmemoraban, como un “liner” rapidísimo. Pasaron a recolectar las limosnas. Allí eché un vistazo a la concurrencia e hice cuentas más o menos de unos 300 asistentes, a razón de 5 pesos, $1 500.00, sin considerar que muchos sacan sus billetes, muy seguros de ganar su pase directo al cielo, con ese acto de generosidad.

 Invitó a sacerdotes, religiosos, religiosas, voluntarios o quien quisiera, para compartir con ellos la repartición de hostias.

Pero nos desmotivó cuando leyó una carta del Arzobispo, en la que han decretado cobrar el diezmo, “porque la iglesia católica anda en crisis económica ¿?”. La bendición y más aplausos para los novios. Aplaudimos sin tanto gusto como al principio.

Los sacerdotes están esmerándose en retener a sus adeptos, con un dinamismo inusual, usando un lenguaje más común, detalles sorpresivos, con formas y actitudes más abiertas. Adecuaciones con las que los más distraídos nos perdemos, y por ratos no sabemos si estamos en un concierto del cantante de moda, en mitin político o qué cosa. 

Sin embargo:

¿Qué diezmos puede proporcionar la masa cada vez mayor de desempleados?

¿No les  bastan los recursos obtenidos por limosnas, retiros, conferencias, convenciones, colegios, donativos, colectas, cuotas, etc.? Si sólo con las limosnas de boditas recaudan más de 100 mil pesos al mes, sin deducción de impuestos, no considerando los ingresos por misas de velorios, a diario.

A propósito, la Iglesia Católica anuncia su Congreso del 12 al 14 de noviembre en Guadalajara, para “La Cura de la Homosexualidad”, en Guadalajara, con el terapeuta Richard Cohen, por la cuota módica de recuperación de 850 pesos.

¿De que se trata, de regresar a los homosexuales al closet, justo cuando están logrando la justicia por la que han luchado durante siglos, a costa de vejaciones y hasta la vida de sus líderes y defensores? ¡Patrañas! Los científicos aseguran que la homosexualidad es irreversible, porque es una elección independiente de quienes así deseen ser, o así hayan nacido, no es una enfermedad.

¿No son los señores dueños de la iglesia quienes debieran regenerarse primero, para  cumplir con sus obligaciones ante la sociedad, tan ávida de fe, de ayuda y de modelos a seguir? Una institución, con la moral hecha trizas por los casos de pederastia y pornografía infantil, sin resolver aún y que mientras más tiempo pasa, más casos brotan, en los que se sabe que hasta el Santo Padre tiene su parte de complicidad, desde que el frenó los investigaciones sobre el caso Maciel, por no perjudicar el prestigio de la iglesia.

¿Qué nos están dando a cambio de lo que cobran?

¿Por qué no se les ve en la calle ayudando a la sociedad? Siendo que ¡Urge un ejército de misioneros comprometidos, que nos ayuden a afrontar la realidad! Si no como los grandes benefactores, con su esmerada preparación académica, por lo menos fungiendo como psicólogos, en escuelas, parques, centros comunitarios, hospitales, hogares…

¿Quién puede decir? ¡Sí, Acepto! a lo que está solicitando la iglesia católica.