Traductor :

lunes, 8 de junio de 2026

Fe

Por traiciones 
Por deslealtades
Por ataques
Nos surge la decepción.
Ese vacío interno
que muy pronto
ocupa el desánimo
y la desconfianza.
La duda acerca 
del posible bienestar 
y mejoría.
Sentimos miedo. 

Recibimos constantemente
miles de estímulos negativos
sobre la realidad del mundo.
Un ataque sin fin a la mente
y al corazón
que ya se activa a través
algoritmos, hasta el más
recóndito lugar 
de nuestro ser. 

Nos destrozan 
el ímpetu de vivir
instante por instante
a base de basura. 
Vemos todas las bajezas
consumadas con el simple
deslizar de dedos
sobre una pantalla.
Y nos atrapan. 

No hay vuelta atrás, 
es irreversible el paso 
que hemos dado en nuestra
forma de vida. 
No hay manera de zafarnos 
de la operatividad digital. 
Ya nada podemos hacer
sin internet. 
Nos han condicionado
todas las gestiones. 
Hasta las más simples,
como pedir que nos surtan 
cualquier cosa
necesaria en el hogar. 

Solo nos queda reforzar la fe, 
ya sea en lo divino (quienes lo aceptamos) 
o en alguien que nos sea modelo 
o en nosotros mismos.

Solo nos queda la fe, 
para poder sujetar con fuerza
el propósito, el rumbo, el camino,
hacia la confianza y la certeza
de que a pesar de todo
podemos estar bien.