Entendemos, lo que queremos entender. Tenemos una capacidad superlativa de discriminar aquello que no nos conviene o que nos implique un cierto compromiso. Sin embargo, qué bueno... pues entender demasiado nos va haciendo sabios y a la muerte le gusta mucho fornicar con los sabios, hasta perderlos en su negrura. Así que es mejor hacerle al loco, con miras de permanecer mucho tiempo, en este mundo. Así creemos que los pajaritos, en el nido están, igual que ayer que nos hicieron tan felices, cuando los necesitábamos porque era lo único que nos acompañaba... no pensamos siquiera en gatos siniestros que los hayan devorado, ni en ventarrones que los hayan desauciado (sic) porque lo mismo da con "h" que sin "h", a quién es desahuciado que puede importarle que el DRAE describa su condición con la "h" de humano desvalido que él tiene de más... Entender mucho amarga, y eso perjudica el organismo... entonces sigo con toda mi ignorancia, oponiéndome a la sapiencia y el entendimiento. Me mantengo con mi cara lindamente sonriente, desde la roca en que estoy sentada, en mi patio mágico, dejándome acariciar por el sol, con los perros también de haraganes, en esta tarde bella, de mi gran ignorancia y la nuestra (hablo de los perros)... muy alejada de lo que podría(mos) saber... Porque al no saberlo, no existe. Nada hay más allá de la puerta de mi casa. Ni siquiera pensar que debí escribir en primera persona, qué culpa tiene quien lea acerca de mi enorme ignorancia. Bueno... pues que se implique quien quiera. Y quien no, simplemente discrimínese, ya tiene la fórmula...
