Siembra y alégrate con la cosecha, pide y disfruta lo que recibas, aunque no coseches lo que sembraste, aunque no recibas lo que deseas.
Maravíllate con la bondad, de la caprichosa naturaleza, tan generosa como el destino. Que, en la maceta donde sembré chile habanero, me han nacido flores.
¿Qué flores? ¿Cómo se llaman? ¡Qué sé!, apenas las descubrí ayer, muy espichaditas y tímidas, pero muy hermosas... cuando descifrando enigmas, en la noche yo estaba.
Hoy, les preguntaré su nombre, y les exigiré explicaciones. ¡Claro que sí! Y... si no logro respuesta, no me quedará más opción, que deleitarme con su belleza y brindarles hospedaje, agua y alimento, que no me pidieron, pero que ellas necesitan. Entonces... ¿Quién sigue dando?
Tú siembra, que algo de seguro saldrá. Si sale algo bueno ¡bien! que si no sale... ¡igual, bien!, si no lo alcanzas a ver frutos, ¡bien! Lo importante es que tú sembraste, con esperanza y con amor, lo que te hizo ilusionarte. Y por lo demás, resígnate al azar.
¿Qué pensará el vecino que sembró flores y le aparecieron chiles habaneros? Cabe la posibilidad ¿no?
