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viernes, 7 de marzo de 2014

El semblante

Un hombre entrado en años, muy apuesto y con un gran sentido del humor, enfermó. Se ve precisado a las constantes visitas al médico. Razón por la que se va desarrollando un trato muy cercano con el especialista. En una ocasión que llega a su valoración periódica, el médico le recibe todo amabilidad y en su afán de contagiarle optimismo, le dice:

-¡Qué buen semblante tiene hoy señor Ramírez!

-Nunca he estado malo del semblante, doctor -en tono muy serio.

-Me refiero a que se ve usted muy bien.

-Lo sé, lo sé, doctor, siempre me lo han dicho, créame que estoy acostumbrado a oírlo. Pero, mi enfermedad, ¿qué me dice de mi enfermedad? No vine por piropos, sino a revisión. -en tono aún más serio.

Algo desconcertado, el médico lo mira con atención, intentando comprender el sentir de su paciente, creyéndolo malhumorado, triste. Es cuando el señor Ramírez no pudo contener más la risa, pues estaba bromeando. Ríen a carcajadas, suelta y despreocupadamente, a carcajadas. Hasta que interrumpe el silencio. El médico no sabe cómo explicarle lo avanzada que está su enfermedad. El paciente lee el semblante del médico y resuelve:

-¿Qué, doctor... voy a ser el más lindo del panteón?

Vuelven a reír, con mayor estruendo. 

Al poco tiempo, se fue feliz con la muerte, que se prendó de él, por su hermoso semblante.