Desprendió el viento
un pétalo a la rosa
que por frágil y pequeñito
no pudo sostenerse más.
Se fue volando muy solito
en la tormenta invernal
hasta desmoronarse
o hacerse polvo,
o viento,
o nada.
Los demás pétalos de rosa, no lo vieron.
Yo, pétalo de clavel, no lo vi.
Tú, pétalo de de jazmín, no lo viste.
Pero ¡Ay, cuánto duele saberlo!

