Me iré muy lejos,
en cualquier momento,
a radicar en un lugar
que no tenga infierno,
que me obliguen
a narrar.
Iré a un lugar
sin niños en proceso de trauma,
ni mujeres desvalorizadas,
ni hombres humillados,
ni devastación.
¡Existe ese lugar!
En el siguiente merequetengue,
cuando todos enloquezcan
en su recurrente torbellino,
cruzaré el charco
de tinta, que linda
con la isla segura
de mi mejor fantasía
y allí estará ese lugar,
que tal y como lo ví
en "maps" me aguarda.
Nadie me contradiga
que por esa libertad
he vivido toda una era
y también estoy dispuesto a morir.
El poema con toda
determinación,
fue al perchero,
tomó su sombrero
y salió de la página 36,
del oscuro libro,
hacia la conquista
de su nueva suerte.