Llamó tantas veces a esa puerta, que perdió la cuenta. Y cuando decidió claudicar, fue a tocar por última vez, como despedida simbólica.
Sin embargo, le abrieron.
--¡Mentira!, dijeron que con un hacha la derribó.
--¿Por qué no llamó a un cerrajero?
--Queda mejor con la rusticidad del hacha.
--Será muy rústico, pero nada original. Ya lo había hecho desde hace décadas Kubrick, en "Resplandor".
--¡Callen! Nunca faltan voluntarios para contar vidas ajenas y embrollar los hechos.
Titubeó en el umbral, porque ya se había acostumbrado a nunca lograr sus anhelos. Pero finalmente entró y rescató su destino íntegro. Fue empezar a vivir.

