Hay noches tan cerradas,
y tan llenas de negrura,
en las que el alma
tiene que estallar
para encender todo el sitio
del cautiverio existencial,
con tal de crear
una catástrofe interna
mayor, que la realidad
del día siguiente.
Hay noches tan oscuras,
en que ni un alfiler
tiene cabida
en semejante vacío.
Incapaz de acoger
nada más, que no sea
el alma en llamas.
El alma, ya convertida
en incienso, cubre de humo
el espacio de la negrura y
purifica el medio
que acogió
a la maldita noche cerrada,
negra y vacía. La asfixia.
Brota desde la esencia
del sufrimiento
el "nunca más"
de El cuervo
de Poe.
¡Ojalá!