Aunque no sea más importante la fecha que el hecho mismo. Pero ya ven que la historia exige fechas en su narrativa.
Del año 2025. O sea, 25 años más adelante de una de las muchas veces en que iba a acabarse el mundo. Mundo que tal vez se acabó y no nos dimos cuenta. Pero que al ver gente en modo de zombie o como anima en pena, no sabemos si estamos leyendo Pedro Páramo, o estamos dentro de su historia o que ya no existimos.
Bueno, me despido hasta diciembre, porque estoy muy desvariable, divagante y eso desorienta en vez de orientar (siendo que orientar era el propósito original de esta entrada).