Si en México un buen pollo cuesta 40 pesos, y un buen libro 400 pesos, y de los 112 millones de habitantes, otros 40 millones somos "bien pobres", según los señores que nos contaron la última vez; aceptamos acepto (siempre que pluralizo y se trata de defectos me llueve, así que mejor en "yo": Yo acepto) que la cultura de este país es un problema grave de poder adquisitivo. No es que no se quiera leer, sino que no todos pueden y tampoco tienen el tiempo, la voluntad y la costumbre de ir a echarse un clavado en los almacenes de libros usados, para luego llegar a casa a desinfectar y medio restaurar, los títulos encontrados a precio de medio pollo, en caso de una ganga, o de un cuarto de pollo si acaso ya tenemos bien conchabados a los dueños de los usados, con nuestra cara de hambre de lectura y de pollo, pues podría caber la posibilidad, de que algo de amor fraterno y ganas de culturizar les hayan orientado, cuando instalaran su negocio de libros usados.
En la Librería Infinito, de la Calle Ocampo casi esquina con Coronado, el otro día me dejaron a 20 pesos, "Poesías completas de Antonio Machado" Edición Manuel Alvar, Colección Austral, siendo que costaba 24 pesos (¡gran rebaja! y primera vez que lo logro, ya otras, que también lo había pretendido, me había dicho bien serio: -No, son 23, 31, 17... según, ni más ni menos, nada de opción a negociación, después nos arreglamos o algo así... Me doy cuenta de que le había tonteado, así que a partir de hoy llevaré puros billetes de 20, cuando vaya por un solo libro y quién quita...) Me emocioné mucho cuando me dijo el dueño, en lo que le buscaba las monedas para completar los 4 pesos, pues él no tenía cambio: -así está bien, lo cerramos en veinte- ¡Guau! Qué agradecida y feliz salí, relinda y salerosa que atravesé el Parque Lerdo, tan abrazada de ese "mi librito". Si no fuera porque muchas veces me he caído, por ir haciendo cosas ajenas a mirar por donde camino, le hubiera dado una buena repasada en el trayecto a pie y por el detalle de mi ritual aséptico con los libros de segunda, de tercera o a saber cuántas manos, antes de las mías.
Yo tengo la suerte de que nací en donde no todos los días se comía pollo, pero sí todos los días había un libro disponible y gracias a que mi mamá se encargaba de los pollos, porque si mi papá hubiera sido el encargado de hacer el súper, hubiéramos sido "los faquires más cultos del panteón", pues él era un verdadero adicto a la lectura. Lo que también dio a mi mamá una creatividad de cocinarnos de una manera romántica, surrealista, existencialista, histórica, clásica, satírica, en fin, bien poética la santa doña que se las apañaba según le permitía su también gran imaginación de lectora, o como el día que nos dio a mi pollito Fifí en mole, de un realismo puro de poca madre!!
Mañana sigo, porque ya me dio hambre con tanto pollo y voy a ver qué ceno (por cierto estamos de gripe aviar, así que por ahora en todo mi barrio estamos comiendo salmón y langosta, jajaja! para sustituir al pollo de "importación" yasabenaqueprecio!!! y por un pollo somos capaces de cualquier cosa)... que esto no era autobiográfico, sino el preámbulo, de alguien muy interesante, ya lo verán. Disculpen que me desvié del objetivo inicial de esta entrada.


