Nos treparon a un tren (aunque de todas formas, ya nos llevó a todos el tren) a los mexicanos, para llevarnos al "Tour por los Ochentas, un viaje al pasado... y quizá sin retorno."
Volvieron las ceremonias de mayor mal gusto, solemnidad, parafernalia, discursos, demagogia, adornos, patrioterismo grotesco, hipocresía total. Muchísimos invitados, muy aburridos, hastiados, confundidos, arrepentidos de haber venido, adentro de Palacio Nacional con violines, abrazos, sonrisas, perfumes, flashes, cámaras.
En la calle: Muchos golpeados, detenidos, encarcelados, heridos, pero trifulca o zafarrancho reprimidos en su totalidad.
Que ya llegó el Emperador Enrique, con todo el ejército por delante, para hacernos ver de una vez por todas, como será su gobierno, el Emperador del 20% de mexicanos que votaron por él, pero que finalmente por culpa de esos incautos, nos jode el accidente a todos por igual.
Un solo discurso sincero de un diputado en el Congreso de la Unión, que dentro de muchas verdades también dijo: "Quien entra comprando el poder, termina vendiendo la patria", todos los demás participantes en la adulación total.
De todas formas, para lo que le importa al emperador y a nadie, pues tan solo fue un numerito previo a su ingreso al recinto oficial y a su ungimiento.
Regresamos a las viejas formas de los "presidentes dioses" intocables y con el "masiosare"*1 de desayuno, comida y cena, hasta que repudiemos a todas las instituciones y todos los símbolos patrios otra vez, estilo muy a lo PRI, que ya no recordábamos.
*1. Más si osare un extraño... Parte del himno nacional. Forma irónica con que el pueblo se refiere al himno.
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