No puedo extrañarte, con tu ausencia que me carga. No queda un
muro sin repiqueteo de silencio. Eco, eco… ¡eeecooo!
Que si es silencio, no es eco… Es Lo-cu-ra.
No se oye, es locura
Si se piensa, es locura
Si se siente, es locura
Cómo extrañarte, si el tiempo solo va pasando infinito, por la
puerta que lleva a mí. Pasa despacio, pasa trotando, pasa corriendo y no mira y
no lleva y no cede y no da… el tiempo… Porque es lo-cu-ra, lo cura y todo lo cura.
Lo sé, que mis gritos se apagan, como las voces y quedan las
ruinas de imágenes de ti, que se desmoronan y que luchan. Y si se demoronan, se desintegran,
inmateriales, ya no existen… Casi
ni tú, ¿lo sabías?
Y, Se acaban los litorales y se acaba… hasta el agua.
Y, Se acaban los litorales y se acaba… hasta el agua.
No te extraño… porque me quedé con toda tu ausencia, cuando la
ausencia arrastró al tiempo, hasta el final de los tictacs, de su mesita de
noche. Y duerme… duerme.
¡Calla!, que el
sueño eterno duerme la ausencia, con toda su piel también junto a ti, que te le
acurrucas, como lo hacías conmigo, deseando hallarme, en el zarandeo de sus costas…
del tiempo, claro, la ausencia no tiene costas, quién si no tú que lo sabes mejor
que yo…
Y, volver a existir. Revolver, re existir, como resistir y
cómo, amor.


