Antenoche un avión dibujó en mi pedacito de cielo, una
cuerda; que las estrellas, (hasta antes andaban aburridísimas)
usaron para jugar; con los cantos, las risas
y todo el escándalo que hacen siempre que se ponen así. Con decir que exigieron al viento, arrancar sus vestidos grises y blancuzcos,
para quedarse tan solo con el colorido de su desnudez –El indicio.
Ayer de mañana por fin descendió Kukulkán, en el Baktún catorce, ante la admiración de los que lo recibieron al pie de Chichen-Itzá –La certeza.
Por acá, todavía con cautela y muchas nubes, ya estás -La presencia.
Los besos y los abrazos que guardé, para tu larguísima
ausencia, ya me estaban saliendo, muy sin chiste, muy apenitas (ay si!) sin eso que no sé describir, que tú me
provocas. ¡Ah, por fin! Qué no ves que por poco y no me encontrabas esta vez, tanto languidecer
sin ti. -La oportunidad.
Eres el año nuevo, cuando renazco y más siento, reconozco, reexploro y adoro la
vida… Que nadie venga a contradecirme, que le dejaré en un triste y lastimero monólogo. No sirvo por ahora para pelear, estando ya tú conmigo ¡Bienvenida
primavera! –La vida total.


