Abierta a la posibilidad de salvar su matrimonio, Diana acudió
a la atención de una prestigiada psicóloga. La empatía fue instantánea, entraron
en materia desde la primera cita, sin evasiones, ni mecanismos de defensa. La psicóloga, con sus experimentadas técnicas,
pudo navegar en el manantial psicológico de Diana.
Sin causales de divorcio graves, como violencia o maltrato evidente;
en pocas sesiones, Diana, expuso a detalle, ante la profesional, que el
matrimonio sigue siendo desventajoso para la mujer, que pretenda desarrollarse integralmente
y sentirse a la vez satisfecha, amada, en
armonía y feliz con su hombre.
Sin adoptar siquiera una postura radicalmente feminista, sino algo medianamente
justo. Es una sobrecarga de trabajo inhumana, ¿dónde están las ventajas de la liberación femenina, si solo agregó más deberes a la mujer, sin la consideración
y apoyo del hombre?, ¿no es así… tú cómo te sientes? -La terapeuta sonreía, e
instaba a la paciente a continuar.
Siempre estoy extenuada, soy un robot de hacer cosas. En el
trabajo pienso en los niños; con los niños, resuelvo lo del trabajo; hago el
amor pensando en la junta de mañana; en la junta, recuerdo que debo pasar al
súper. ¡Nunca descanso! ¿Tú no te sientes así… a ti sí te apoya tu marido? –La terapeuta,
propiciaba una nueva descarga.
Con el sueldo de él, no nos alcanza. Tengo que trabajar,
además quiero hacerlo, me encanta lo que
hago, por eso estudié, para ejercer. Si no, no hubiera estudiado… y contratar a
alguien para la casa, no podemos... Él no me ayuda con nada doméstico, ni
suplicándole, ¡Vaya! Ni bailándole la danza de los siete velos todas las noches…
además, qué ánimo para eso… Creo que ahora
hasta anda con otra, y… ¡Qué bueno! Menos bronca para mí. Ah! Y lo vieras, como
se pone ¡furibundo! Si le pido que me ayude, por lo menos a no desordenar, que
cierre el tubo de la pasta dentrif… que… que…. que… ¡Ay no, de veras que estoy harta, harta, harta!
¡Qué mierda es esto del matrimonio! Si las únicas que nos casamos somos
nosotras, ellos siguen ¡solteritos, solteritos! –Chilla y agrega ¿No es cierto,
tú qué opinas, a ti, cómo te va?
A cada pregunta, una respuesta. A cada técnica, completa
soltura por parte de Diana, hasta que se divorció con un Yo muy fortalecido, gracias a la terapeuta.
Y... la terapeuta se divorció antes que Diana.


