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lunes, 31 de marzo de 2014

La viuda



Al enviudar doña Rita, intuimos que el desamparo la asediaría. Después de más de cinco décadas de feliz matrimonio, con un hombre extraordinario, que siempre la llenó de gratas sorpresas y atenciones. Siempre andaban juntos y lograron hijos muy realizados e independientes. Un hogar ejemplar, siendo ellos muy sociables, respetables y apreciados.

Por eso, en el funeral acordamos no dejarla sola y organizamos visitas alternadas. Seguros de que su dolor, en compañía, debiera ser más fácil de superar. 

Cuando yo la visité, todavía era muy reciente, iba preparada para encontrarla todavía en duelo. Platicamos mucho, bien puedo decir que como nunca antes.  Me mostró su última obra de punto de cruz. Me llevó a su jardín, para mostrarme sus nuevas gardenias, jazmines, hortensias y demás.  

– Nunca  pude tener tantas flores, porque me hubieran robado mucho tiempo de mi esposo, que era lo primordial… además a él no le gustaban las flores. 

Luego, entramos a lo que fuera el despacho de su marido, ahora convertido en un acogedor salón de convivencia. 

–Regalé todas sus cosas… a unos chicos recién egresados que no tenían para iniciar. A él siempre le gustó trabajar al lado de la casa… para no descuidarnos…

-Ha de ser tan difícil sin él, doña Rita… Su compañero inseparable…

-¡Qué va!... –silencio prolongado- 

-¡Ni idea tienes! ¡Si llegué a pensar que nunca me libraría de él!, ¡que nunca me llegaría la hora para empezar a vivir! -Se levantó la blusa para mostrarme su espalda poblada de cicatrices- 


Dedicado a todas la mujeres que aguantan lo que no deben, creándose un mundo de felicidad ficticia, ante los demás y a veces, ante los hijos y en los peores casos hasta con ellas mismas.
El nombre de Rita, por obvias razones.

martes, 25 de marzo de 2014

Gran Insight



Abierta a la posibilidad de salvar su matrimonio, Diana acudió a la atención de una prestigiada psicóloga. La empatía fue instantánea, entraron en materia desde la primera cita, sin evasiones, ni mecanismos de defensa.  La psicóloga, con sus experimentadas técnicas, pudo navegar en el manantial psicológico de Diana.

Sin causales de divorcio graves, como violencia o maltrato evidente; en pocas sesiones, Diana, expuso a detalle, ante la profesional, que el matrimonio sigue siendo desventajoso para la mujer, que pretenda desarrollarse integralmente y sentirse a la vez satisfecha,  amada, en armonía y feliz con su hombre. 

Sin adoptar siquiera una postura radicalmente feminista, sino algo medianamente justo. Es una sobrecarga de trabajo inhumana, ¿dónde están las ventajas de  la liberación femenina, si solo agregó más deberes a la mujer, sin la consideración y apoyo del hombre?, ¿no es así… tú cómo te sientes? -La terapeuta sonreía, e instaba a la paciente a continuar.

Siempre estoy extenuada, soy un robot de hacer cosas. En el trabajo pienso en los niños; con los niños, resuelvo lo del trabajo; hago el amor pensando en la junta de mañana; en la junta, recuerdo que debo pasar al súper. ¡Nunca descanso! ¿Tú no te sientes así… a ti sí te apoya tu marido? –La terapeuta, propiciaba una nueva descarga.

Con el sueldo de él, no nos alcanza. Tengo que trabajar, además quiero hacerlo,  me encanta lo que hago, por eso estudié, para ejercer. Si no, no hubiera estudiado… y contratar a alguien para la casa, no podemos... Él no me ayuda con nada doméstico, ni suplicándole, ¡Vaya! Ni bailándole la danza de los siete velos todas las noches… además, qué ánimo para eso…  Creo que ahora hasta anda con otra, y… ¡Qué bueno! Menos bronca para mí. Ah! Y lo vieras, como se pone ¡furibundo! Si le pido que me ayude, por lo menos a no desordenar, que cierre el tubo de la pasta dentrif… que… que…. que…  ¡Ay no, de veras que estoy harta, harta, harta! ¡Qué mierda es esto del matrimonio! Si las únicas que nos casamos somos nosotras, ellos siguen ¡solteritos, solteritos! –Chilla y agrega ¿No es cierto, tú qué opinas, a ti, cómo te va?

A cada pregunta, una respuesta. A cada técnica, completa soltura por parte de Diana, hasta que se divorció con un Yo muy fortalecido, gracias a la terapeuta.

Y... la terapeuta se divorció antes que Diana.   


viernes, 21 de marzo de 2014

Medio primaveral



Antenoche un avión dibujó en mi pedacito de cielo, una cuerda; que las estrellas, (hasta antes andaban aburridísimas) usaron para  jugar; con los cantos, las risas y todo el escándalo que hacen siempre que se ponen así. Con decir que exigieron al viento, arrancar sus vestidos grises y blancuzcos, para quedarse tan solo con el colorido de su desnudez –El indicio.

Ayer de mañana por fin descendió Kukulkán, en el Baktún catorce, ante la admiración de los que lo recibieron al pie de Chichen-Itzá  –La certeza.

Por acá, todavía con cautela y muchas nubes, ya estás -La presencia.

Los besos y los abrazos que guardé, para tu larguísima ausencia, ya me estaban saliendo, muy sin chiste, muy apenitas (ay si!) sin eso que no sé describir, que tú me provocas. ¡Ah, por fin! Qué no ves que por poco y no me encontrabas esta vez, tanto languidecer sin ti. -La oportunidad.

Eres el año nuevo, cuando renazco y más siento, reconozco, reexploro y adoro la vida… Que nadie venga a contradecirme, que le dejaré en un triste y lastimero monólogo. No sirvo por ahora para pelear, estando ya tú conmigo ¡Bienvenida primavera! –La vida total.