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martes, 15 de julio de 2014

Amistad felina, de Marco A. Almazán



Sería conveniente que dejásemos de compadecer a los animales, puesto que son seres superiores que han llegado ya a un estado de perfección, en tanto que a nosotros todavía nos falta mucho que evolucionar. En vez de haber sociedades protectoras de animales debería haber sociedades protectoras de hombres.

Yo tengo un amigo gato que me ha demostrado todo lo anterior de una manera irrebatible, sin discursos ni peroratas.

El gato vive sin trabajar y no habla, porque, no le da la gana, pues con sólo decir miau le basta. Miau quiere decir todo: que tiene hambre, que le abran la puerta, que le han pisado el rabo, que tiene sed, que le gusta la luna, que solicita gata.

Mi amigo el gato acostumbra venir a visitarme casi todas las tardes. Llega a través de las bardas y azoteas, desde no sé dónde –pero evidentemente sin problemas de tránsito ni de transporte- y se cuela por la ventana abierta de la habitación donde escribo.

A cambio de su silenciosa compañía le doy un plato de leche y en ocasiones solemnes una sardina.

Después de beber su leche o de comer su sardina, el gato, que es más pulcro que muchos de mis congéneres, se limpia las patas y los bigotes, se sube a una silla y se queda largas horas contemplándome con los ojos entornados, pensando en sepa Dios qué cosas.

A veces se duerme y yo respeto su sueño. A veces me duermo yo, y él respeta el mío. Nada de interrupciones y menos de reprimendas o indiscretas porque se le ocurre a uno echar una siesta mientras los demás se rompen la cabeza con costos de producción y estudios de mercadotecnia.

El gato y yo nos entendemos perfectamente, pues él sabe que yo lo admiro. Y aunque él finge admirarme, yo sé que en el fondo me compadece y hasta me tiene cierta lástima. Pero yo le agradezco que disimule.

A cambio de su platito de leche, el gato me dedica cuatro, cinco y hasta seis horas de su vida. Yo no podría hacer lo mismo, pues tengo que trabajar y además no sabría, como él, caminar por las bardas y luego quedarme quieto toda una tarde con los ojos entornados. Su compañía bien vale todos los litros de leche que pudiera darle. A veces he pensado en comprar una vaca, pero mi problema es el de que no tengo espacio donde ponerla. Además de que a mi amigo el gato le parecería que estaba yo exagerando.

El gato jamás murmura ni habla mal de nadie. No hace comentarios tontos sobre el estado del tiempo ni el estado de la política. Le viene muy flojo quién es el tapado. Tampoco hace preguntas ni pide ni da consejos. Mi amigo el gato jamás me ha pedido veinte pesos presados ni les ha encontrado faltas a mis artículos. En reciprocidad, yo también me abstengo de hacer comentarios sobre su vida privada, sus congéneres felinos y su manera de matar ratas.

Cuando mi amigo el gato lo estima conveniente, se despereza, se levanta de la silla, arquea el lomo y me mira fijamente. Con esta mirada me dice todo. Después se dirige parsimoniosamente hacia la ventana, salta con singular elegancia y desaparece por las azoteas. Nada de quitarle a uno el tiempo con despedidas y encargos.

Casi lo mismo podría decir de mi amigo el perro, de mi amiga la paloma, de mi amigo el ratón y de mi amiga Hortensia.

Pero para decir lo mismo de mi amiga Hortensia, necesariamente tendría que decir una serie de embustes.

                                                             *     *      *      *
Este relato me lo encontré en el pequeño homenaje a Marco A. Almazán, que se le hace en el blog que aquí enlazo: Rediezcubrimiento de gormondios en salsa verde, de la autora Vanish (2011) Lo comparto para quienes no lo conozcan y gusten de la literatura de humor, si un día lo encuentran en alguna librería, no duden en leerlo.  Sus libros divirtieron a todos los miembros de las casas mexicanas de antaño. Él y Rius, grandes críticos de nuestra la mexicana. Pensar en él es evocar las carcajadas más bellas detoda mi familia cuando yo estaba niña. Y para que quienes sí lo conozcan, lo sigan recordando y disfrutando. Allí se enlistan las principales obras. Imprescindible "Cien años de humedad" y "El rediezcubrimiento de México", ambos hablan desde el título. En el blog referido varios relatos: ¡Me hizo la tarde!

Va por mis amig@s que aman a los gatos, entre ellas Inma-Luna, la vacacionista y Hadita Saltarina, también vacacionista, jajaja! -Yo les temo un poquito a los mininos, pero me fascinan en foto y mientras no se me pongan ariscos-


domingo, 13 de julio de 2014

Libres o cautivos

Bueno... como se habrán enterado quienes me han visitado recientemente, decidí cancelar la blogoteca (lista pública de blogs con actualizaciones de entradas, que mantenía desde el principio) y nunca he tenido pública la lista de blogs que sigo en mi perfil.

Creo que hacerlo así nos protege y favorece en muchos sentidos. Los invito -a quienes deseen- a hacerlo también.  Pues aunque gran parte de blogueros no pertenecemos a otras redes sociales -supongo que por las desventajas- esto no deja de ser una red social también, a la mano de todo el mundo, que incluye a personas ajenas a quienes nos seguimos y amistamos y a veces hay impertinentes, molestas y demás, que no tienen por qué enterarse de quienes somos amigos, que tan amigos y de nuestras comunicaciones. Hagámosles menos fácil el camino.

Cierro una puerta para ellos, pero no la que ustedes tienen abierta siempre. Continuaré como su seguidora, frecuentándolos, leyendo, comentando y subiendo entradas con la misma frecuencia, cercanía, amistad y cariño igual.

Agradezco mucho su comprensión y amistad. Podrán tendernos muchas redes, de nosotros dependerá ser libres o cautivos.



martes, 8 de julio de 2014

Opiniones



Podrán callarnos, pero no pueden impedir que tengamos nuestras propias opiniones.

Ana Frank