Cambiamos inevitablemente.
Apego: ¡fúgate!
no me hagas sufrir que estoy amando.
Todo cambia y nada puedo retener.
No juguemos a "los todopoderosos",
aceptemos el cambio infinito.
No soy nadie para apagarte,
ni tengo derecho, porque te amo.
Desaparece, para seguir amandote
sin vallas, sin límites, ni sufrimiento…
Tan libre y tan real como la impermanencia,
que es lo único que nos ha quedado de cierto,
tras la pesadilla de no querer aceptar.
No demores, que la belleza sigue,
Y transforma el sufrimiento de no seguir juntos,
sin miedo… Plenos, satisfechos, sin egoísmo.
Aceptando,
que para seguir amándonos,
el adiós es impostergable y,
entre nosotros dos,
lo más sublime.
.
Lo dedico a los desamados que sufren, en el proceso de aceptación.