Me retiene el día
en su interior
al cerrar sus párpados
y me pide
jugar con su niña
a quien mucho le aburre
la quietud y el silencio.
Enterada la niña
contenta me aguarda
en el jardín del iris
y al verme llegar
en el cristalino
traza con gis
las líneas de una cajita
que se convierte en canoa
con limadura de estrellas.
Bogamos y bogamos
hasta las cataratas de seda
líquidas pestañas
que nos llevan al mar
¡Ah! infinito esmaltado azur
de la retina
manantial de sueños
en donde nos alcanza
el suave tarareo
del madrigal mañanero.
El día abre sus párpados
para que yo lo viva.


