Amanece, atardece, anochece: Y, mocosos.
Veo, escucho, respiro: mocosos.
Avalancha de mocosos.
Tormenta de mocosos.
Ventarrón de mocosos.
Ventarrón de mocosos.
Y, las calles y avenidas, convertidas en ríos de mocosos, pletóricos de vehículos llevando mocosos, hacia todos los puntos cardinales.
Igual como las moscas avisan cuando ha llegado el verano; los mocosos, que las clases se han reanudado. Y que la vida, pese a todos los inconvenientes, sigue firme, aferrada, empecinada.
Van todas las aceras repletas y fatigadas, cargando miles de mocosos, limpiecitos, uniformados, enmochilados, dando saltos, luciendo toda su impetuosa mocosería temporal. De la mano de sus papás, mamás, abuelas, nanas. Los animados, ilusionados, felices; o los chillones, ansiosos, miedosos; o los más chiquitos o chiples*.
Ahí va, toda esa plaga de lepes, de almas blancas, lustrosísimas y vibrantes, de lo tan nuevitos que son. ¡Envidio su mocosés!.
¡Que se logren, que se logren! Mocosos tan primorosos, malcriados, desinformados y más adorables, desde esta magnífica distancia con que los contemplo al pasar. ¡Bendita la vida!
*Chiple: Es un chihuahuismo de mimado,
malcriado, llorón, ñoño, consentido,
"chípil" dicen en el centro de Mex.

