Tal y como era de suponerse, la ama de
Filogón (aquí) no entendió y sigue descuidándolo.
El atropellado, ausente por varios interminables y llorados días, pero finalmente resucitado, sigue en la calle. Lo mismo acompaña a los niños a donde sea, que sigue a las señoras que regresan con sus bolsas de mandado (principalmente) o que ladra a todos los mala facha que pasan por su casa, y en las tardes come orondísimo en una fonda cercana.
Ayer, en cuanto vio que salió Cuca a sus baños de sol en abonos, venía a toda carrera a lisonjeársela (cosa que a Cuca la revienta, no soporta galanteos).
En esas estábamos cuando ¡Oh! (me puso la adrenalina al límite y quedé con cara de ¡Oh! por mucho rato con el corazón a mil). Pues fue hasta el mismísimo borde de su acera que se frenó chirriando patitas traseras, y esperó paciente. Al despejarse la calle de carros, todavía miró insistente izquierda derecha y cruzó con un civilidad maestra, gallardo, guapísimo, que por eso lo cuento (pero a Cuca no le gusta, "que para eso ella ya tiene a su marido, al que le es fiel", dijo y de inmediato se metió, dejándolo con toda su guapura y con su ¡hola guapa! a flor de hocico).
El desencanto no fue excusa para que el Filogón regresara a su casa, con la misma precaución.
¿Que los golpes no enseñan? ¡Ja! El Filogón es ya experto cruzacalles.