Cada vez que veo a los niños,
recuerdo que para ser felices,
solo se necesita serlo.
Que ninguna circunstancia
es suficientemente fuerte
para impedirlo.
Entonces, por qué no serlo,
como ellos.
Cada vez que encuentro
mujeres en edad fértil,
que se niegan a la maternidad,
les insisto hasta el cansancio
para vencer su ceguera.
No hay nada más deprimente que una sociedad en extinción,
por propia decisión, por miedo, fatalismo o egoísmo.
Juzguen ustedes con las imágenes...