Al fin se le cumplió su anhelo de tanto tiempo, y quizá de todo hombre.
Al regresar a casa muy cansado esa noche, fue su bienvenida un prolongado beso, que lo hizo estremecer.
Música en el ambiente más íntimo y acogedor del mundo y la cena ya servida, en la mesa dispuesta perfectamente.
¡Sorpresa! Siempre quiso algo así.
Al sentarse, tan encantado... ¡Ah! aquellas manos recorrían sus hombros, cuello y espalda, con besitos y susurros, que bien podrían relajar y deleitar a cualquier hombre. ¡Ah!
No lo pudo soportar y huyó de esa casa para siempre, pues...
Vivía solo.