Traductor :

jueves, 11 de mayo de 2017

Cuesta

Cuesta mucho ver bosques convirtiéndose en desiertos, por incendios, falta de conciencia y ya de agua...

Cuesta más, ver a niños trabajando o pidiendo "un peso" a los fuereños, para conseguir una tortilla, porque su maíz ya no nace...Y mujeres solas, las mamás de esos niños, luchando como titanes, artesaneando, rogando al cielo que este día, alguien que llegue, les compre...

Con sus hombres fuera, tratando de abrirse camino. Lejos, muy lejos de sus tierras, sus propiedades ancestrales -de donde los siguen despojando, como siempre y ya lo están logrando- Y ni cómo saber si pudieron llegar.

Cuesta mucho, ver a perros desmayándose, tiritando.Vacas y chivos en los huesos...caballos y burros con la mirada perdida. Secuestrados todos por los estertores. Amagados, dominados por los fantasmas de sembradíos, ahora terregales infértiles, infames.

Cuesta muchísimo no morir de llanto y asfixia, al pie de cualquier árbol gigante, centenario y totalmente carbonizado... Para por lo menos, ser alimento de zopilotes, hormigas o de algún lobo perdido y pertinaz.

Porque uno piensa que como quiera, muriendo, tal vez se daría alimento a otra esperanza.

                                       
                         

martes, 2 de mayo de 2017

Informalidad

Me encanta la charla informal, esa que se da sin que nadie trate de impresionar, en que el silencio no aterra y haya que romperlo de inmediato con palabrería.

Cuando se dejan fluir las ideas y no es competencia de dominio de temas muy fufurufos. Cuando hay total libertad y apertura en el qué y en el cómo decir.

Odio los soliloquios en que no queda más alternativa que menear la cabeza de vez en cuando, mientras se bosteza disimuladamente, o se abandona con el pretexto más inverosímil porque ya no aguantamos. Yo me pierdo y dejo que funcione el automático, con una que otra pregunta, para que la persona continúe y continúe y continúe. Y yo no me entero de nada.

Las mujeres tenemos fama de parlanchinas. Yo hablo poco cuando no estoy en un ambiente informal. Soy informal, muy bromista, malhablada, bastante risueña. Pero necesito estar en confianza, no con todo mundo ... soy muy cortante y fría cuando no me cae bien alguien!!

Con la gente discursera, me pasa que me pongo a divagar, a contar todo lo que hay alrededor, a multiplicar, a restar, dividir, lo que veo. A revisar el decorado de donde estemos. Pensando:  Esa pared se vería mejor verde, amarilla, azul. Esos pisos son de 30, 40, 60 cms. por 10, da tanto..   por el otro lado, son tantos metros cuadrados. O a mirar zapatos. Las ventanas, el estilo, a calcular la altura de las paredes.  Siempre miro los zapatos. Según yo, dicen todo lo que somos.

Me fijo más en los diferentes tonos de voz, en la gesticulación, en las manos, no si bonitas o feas, sino como las mueven.  Claro en los ojos, la boca. Si mienten, si tratan de convencer(se), reafirmarse. Dejo que sea lo que no dicen, lo que más hable.

Pero también qué maravilla es cuando puedo charlar con alguien y que no haya fin, que bien pudiéramos pasar la vida charlando.  Eso es milagroso, mágico.