Las palabras
dicen muchas menos cosas
de lo que se pretende,
porque el uso
indiscriminado
las ha ido diluyendo
y convirtiendo
en ruido.
Si abriéramos más
el corazón que la boca,
en cada hueco
de esa ausencia
de palabras,
brotaría un gesto,
asomaría un guiño,
surgiría un abrazo
y nacerían más besos.
Sería un capítulo
más consistente,
auténtico,
sincero y claro;
con menos intenciones
y más propósitos,
sobre todo, comunes.
Traductor :
lunes, 12 de junio de 2017
viernes, 9 de junio de 2017
Hasta que sea posible
Y con todo... Vuelve a amanecer.
Ha vuelto a amanecer y, seguirá amaneciendo.
Una mañana cualquiera despertaremos, amándonos.
Conservemos la calma y por encima de todo, la fe.
jueves, 1 de junio de 2017
Sin título... no se vería en la negrura
Y en un ratito
nos fabrican la niebla,
nos llenan de negro
la mente, las entrañas,
el corazón.
Nos enlutan de nuevo
y apretamos
las quijadas, los puños...
Los ojos,
cascadas de fuego
otra vez,
horadándonos
la carne, para diluirla
en la tierra,
que desemboca
en la tumba común
de la conciencia.
Ese hoyo negro
donde yacen
más hermanos inocentes.
Ya la bruma avanzó
de nuevo.
No nos deja ver más,
es que,
no queremos ver más.
Pero...
a tientas,
a rastras,
a como la fuerza
de Dios nos permita,
dentro de nuestro
agotamiento y miedo y sufrir, intentemos los que seguimos aquí, con lo más
puro y niño
de nuestra alma, recuperar
los colores del consuelo,
para los deudos directos,
-que somos todos
al final de cuentas-
y tratar de honrar
a los que arrancaron así, ayer,
en el mismo ratito
en que creíamos
que lo nuestro,
lo personal,
era algo importante.
nos fabrican la niebla,
nos llenan de negro
la mente, las entrañas,
el corazón.
Nos enlutan de nuevo
y apretamos
las quijadas, los puños...
Los ojos,
cascadas de fuego
otra vez,
horadándonos
la carne, para diluirla
en la tierra,
que desemboca
en la tumba común
de la conciencia.
Ese hoyo negro
donde yacen
más hermanos inocentes.
Ya la bruma avanzó
de nuevo.
No nos deja ver más,
es que,
no queremos ver más.
Pero...
a tientas,
a rastras,
a como la fuerza
de Dios nos permita,
dentro de nuestro
agotamiento y miedo y sufrir, intentemos los que seguimos aquí, con lo más
puro y niño
de nuestra alma, recuperar
los colores del consuelo,
para los deudos directos,
-que somos todos
al final de cuentas-
y tratar de honrar
a los que arrancaron así, ayer,
en el mismo ratito
en que creíamos
que lo nuestro,
lo personal,
era algo importante.
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