Cuando las palabras decidieron desnudarse, escandalizaron.
Muchas eran más grandes, más fuertes, más agresivas y graves que lo designado.
¿Eh? ¡Ah! ¡Oh! ¡Uh!... Con vergüenza, cuando eran dichas.
Tenían más intensidad que lo designado. Hasta que los hechos y los actos, fueron rebasándolas.
Hace falta inventar nuevas palabras, para que los hijoputas que están sangrando al mundo, se den por enterados de que al nombrarlos, al señalar sus hijoputeses, no se les está loando, ni aplaudiendo, ni felicitando, ni halagando, ni aceptando, como tal parece que piensan al fornicar con la impunidad, que les dibuja sus inmundas sonrisas. Muy inmunes, inalcanzables, incastigables, los malditos.
*Imagen tomada de El mañana de Reynosa.
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martes, 8 de agosto de 2017
domingo, 6 de agosto de 2017
Un secreto
"Un secreto era un secreto" y como tal, no se le contaba a nadie. Celosamente quien se había ganado la confianza de conocerlo, guardaba en un lugar que tampoco nadie conociera, las llaves de todos los cerrojos y candados que sellarían sus labios para siempre.
Pero sucedía que al dueño de ese secreto, le crecía una ansiedad, un nerviosismo de cargar solo con aquello y lo iba contando a más y más personas. Quedando todos, de uno en uno, comprometidos a guardarlo hasta la tumba... Y lo guardaban.
Desviaban la mirada, cambiaban de tema, desaparecían de los lugares, tosían y por el estilo, para evadir preguntas, evitar suspicacias y no responder preguntas a nadie sobre ese asunto.
El secreto crecía como una gran nube que todos cargaban juntos, o como pesadas cadenas que arrastraban sin saberlo, ni comentarlo entre sí jamás. Quizá con ello se aligeraba o facilitaba la vida de su dueño, pero no se sabía. Pues nunca perdía su categoría de secreto.
Pasado el tiempo, no faltaba quien con toda frescura o naturalidad, revelara lo que escuchó en la niñez tras el biombo, debajo de la mesa, a través de la ventana, en el zaguán o similares circunstancias, cuando jugaba mientras el secreto estaba siendo contado. Cortando en un instante lo que ató y asfixió a toda una comunidad, por no haber afrontado un hecho en su momento.
Si no fuera porque es secreto, hoy les contaría lo que me inspiró esta entrada. Mmm... a menos que me prometan guardarlo.
Pero sucedía que al dueño de ese secreto, le crecía una ansiedad, un nerviosismo de cargar solo con aquello y lo iba contando a más y más personas. Quedando todos, de uno en uno, comprometidos a guardarlo hasta la tumba... Y lo guardaban.
Desviaban la mirada, cambiaban de tema, desaparecían de los lugares, tosían y por el estilo, para evadir preguntas, evitar suspicacias y no responder preguntas a nadie sobre ese asunto.
El secreto crecía como una gran nube que todos cargaban juntos, o como pesadas cadenas que arrastraban sin saberlo, ni comentarlo entre sí jamás. Quizá con ello se aligeraba o facilitaba la vida de su dueño, pero no se sabía. Pues nunca perdía su categoría de secreto.
Pasado el tiempo, no faltaba quien con toda frescura o naturalidad, revelara lo que escuchó en la niñez tras el biombo, debajo de la mesa, a través de la ventana, en el zaguán o similares circunstancias, cuando jugaba mientras el secreto estaba siendo contado. Cortando en un instante lo que ató y asfixió a toda una comunidad, por no haber afrontado un hecho en su momento.
Si no fuera porque es secreto, hoy les contaría lo que me inspiró esta entrada. Mmm... a menos que me prometan guardarlo.
viernes, 4 de agosto de 2017
Ya vine de donde andaba
Ya estaba más que achicopalada, cuando escucho ¡Hágase el blog! Y que el blog se hizo.
Ya restaurado el servicio por acá... Así que muy contenta les dejo esta curiosidad de canción con mi paisana Lucha Villa, mientras voy recordando que les iba a decir.
¡Pasen muy feliz fin de semana!
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