encantados y desencantados,
ilusionados y desilusionados,
el caso es que ya abordamos
otro tren.
No sabemos si llegaremos
hasta el destino escrito en el boleto
que compramos
los encantados e ilusionados utópicos.
Ojalá que sí.
Porque luego de muchos
túneles, puentes inseguros,
colgantes; oscuros, húmedos,
enmohecidos; queremos llegar,
a donde ya no sea la misma noche interminable.
A ese lugar donde los sueños
no sean burda y cruenta demagogia.
Donde sean realidad. Lejos,
muy lejos, de la asfixia de mal a peor,
que nos segregó, lastimó y discriminó a muerte.
Ya salió el tren y todos vamos en él,
hacia donde la hermandad
se pueda personar y quedarse
como la forma de vida deseada,
muy, muy lejos...
[de la barbarie de la que sobrevivimos... Muchos no. A honrarlos.
*Ya casi, ya merito
libres de tanta burla.
¡Que sea!


