El miedo paraliza, limita, impide, ni nos mejora, ni nos aporta algo de valor. Es inútil, pero a la vez, atormenta demasiado.
Por ello, es mejor vivir sin miedo y se puede lograr.
Al tomar conciencia de que la energía creativa, se aprovecha más confiando y que al confiar, nos fortalecemos.
En ese punto, el miedo queda fuera de los reflectores, en la película de nuestro existir y la observamos con dicha, a pesar de los capítulos escabrosos que también contenga.


