Querer sin vericuetos,
ni trampas, ni dobles intenciones.
Amor a secas,
amar sin matices de condiciones,
pero sí con matices de intensidad.
Querer, como se quiere al prójimo,
siendo "prójimo", reflejo de mí,
como yo, reflejo de él.
Así de simple,
con los mismos motivos
para sentir parecido, si no es que igual,
desde lo que alborota nuestra piel,
íntimo y personal,
hasta lo más inasequible
dentro de un sueño,
que nos atrapa el corazón.
Puesto que nos cobija el mismo cielo
y eso nos hace iguales o semejantes,
ante la misteriosa existencia,
en la que a diario estamos a prueba.

