La felicidad está,
no llega, no se va.
Es como un niño en feria
con la libertad absoluta
de ser el mejor
en su columpio,
resbaladero o carrusel.
Que cuando cae,
se soba o pide ayuda
o llora a gritos
si es intenso el dolor.
Pero en la siguiente
feria vuelve a ser
el más campeón,
sin ningún miedo,
ni desconfianza,
ni rencor.
La felicidad siempre está,
es independiente
de la alegría
y de la tristeza,
no es un hecho
inesperado,
ni la risa constante,
ni la fiesta,
ni la compañía.
Simplemente está dentro
de cada ser
agradecido de vivir
y conforme con como es.

